Gustave Eiffel y la Torre

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Torre Eiffel


Gustave Eiffel, el genio de la monumental Grande Dame de París, la famosa Torre Eiffel, pudo apenas graduarse de ingeniero de l´Ecole Centrale des Arts et Manufactures de la Ciudad Luz, jamás fue profesor de la Universidad de La Sorbona y nunca padeció de vértigo.

De acuerdo con la SETE (Société Exploitation Tour Eiffel), los ingenieros que acompañaron la obra y de hecho los diseñadores de la mole de hierro, fueron el parisiense Emile Nouguier y el franco-suizo Maurice Koechlin.

“No hubo otros encargados del proyecto, ni ayudantes de alto nivel de especialización, y como reconocimiento del enorme esfuerzo realizado, el propio maestro Gustave Eiffel colocó una placa con los nombres de las 199 personas que lo ayudaron a materializar su obra”, destacó la SETE al responder en París a preguntas de este blog.

Los grandes de Alsacia

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Había un frio temerario esa noche en París. Luego vimos por las ventanas del CAPE en el Grand Palais que comenzaba una intensa nevada. Pero estábamos en compañía excepcional, con los vinos de Alsacia en una memorable degustación.

El grupo era pequeño en la sala del Centre d’Accueil de la Presse Etrangère (CAPE) aunque el entusiasmo y pasión de la amiga japonesa Missawa Kano, encargada del tema de los vinos con los interesados de la prensa extranjera, anticipaba una velada apasionante.

Lo fue con el concurso de Giulio, el experto sommelier, y una carta de 12 Grand Crus de Alsacia, escogida por Jean-Michel Deiss, uno de los más prestigiosos viticultores de la región francesa limítrofe con Alemania.

De hecho Jean Michel Deiss es el heredero de una familia que se instaló en 1744 en Bergheim, una pequeña y pintoresca localidad alsaciana donde años después Marcel Deiss con su hijo André creo su pequeño patrimonio (Domaine Marcel Deiss).

A priori una explicación insoslayable. Son siete los cépages (tipos de uvas) de Alsacia: Riesling, Sylvaner, Pinot Gris, Muscat, Pinot Blanc (auxerrois), Gewurztraminer y Pinot Noir.
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Castañas al fuego

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Champs Elysees


Repetía la frase con frecuencia y cada cual le daba el significado que quería, pero ninguno de los 20 primos que nos reuníamos en casa del abuelo Idelfonso en Navidad tenía idea de lo que eran castañas al fuego.

Simple, en mi tierra natal no hay castañas ni tampoco el crudo invierno europeo al que estaba acostumbrado mi abuelo español. Así que la primera vez que vi una castaña fue en el Viejo Continente, pero la verdad, su aspecto no me sedujo.
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Historias de Picasso en Francia

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Cuarteto de la Paz


Camino a la rue des Grands-Augustins, a unos 300 metros del boulevard de Saint Michel en pleno Quartier Latin (Barrio Latino), la caprichosa nieve que acariciaba a París y el frío glacial pretendían atemperar un objetivo supremo.

La idea era llegar a esta pintoresca y curiosa calle de la Ciudad Luz en virtud de sus capítulos trascendentales de la historia. En especial el número 7, donde se ubica el Grenier des Augustins, un caserón que conserva su auténtica buhardilla con la impronta de Pablo Picasso.
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Vivir en París

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Es un sueño, aseguran románticos y bohemios, pero vivir en París tiene otros alcances más terrenales.

No son los tiempos en que con ilusiones e irrefrenable espíritu creativo, un grupo de jóvenes audaces se daban cita en Montmartre para concatenar ideas y desarrollar la imaginación.
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Jardines de Francia: Fontainebleau, Versalles …

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Fontainebleau.- Deslumbrados por la mística de castillos medievales y suntuosos palacios de Europa, viene bien un alto en el camino. Francia atrapa las miradas curiosas. Se trata de uno de los más distinguidos emporios intimistas de las cortes.

Pero hay un nombre que se antoja hilo conductor de tantas historias, André Le Nótre.
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París y la Torre Eiffel

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Siempre tendremos París, le decía con su voz rasgada Humphrey Bogart a la belleza atemperada de Ingrid Bergman en Casablanca. Desde entonces y tal vez mucho antes, la célebre frase parece perseguirnos como hechizo inimitable para el amor.

Es como admitir que sólo la pasión y el amor entrelazan sus manos en la Ciudad Luz. Aunque Hemingway lo acentuaba al escribir que “París siempre valía la pena y uno recibía siempre algo a cambio de lo que allí dejaba (…)”, nada más lacónico que la frase de Rick a Ilsa.
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