
Me encontré con una botella de Carménére de pura casualidad en París. No conocía la cepa pero me llamó la atención el nombre y el origen chileno. Se me pareció tanto al Merlot que no le hice mucho caso.
Al final con Veronique y Franck, dos entrañables amigos, volví sobre el Carménére, ellos que son tan franceses pero tan proclives a las producciones de otros países, en especial de Chile, Argentina y Australia.
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