Llegó la hora: mundo robótico

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En la década de 1990, la obsesión del mundo se hizo más acentuada ante la cercanía del año 2000, como si se tratase de un guarismo mágico que convertiría a la humanidad en una suerte de colectivo robótico. Luego arribamos al 2000 y no sucedió nada espectacular. ¿O sí?

Ahora, muy reciente, aparece Google Assistant y las alucinantes conversaciones con robots que parecen humanos muestran tal realismo, que despiertan exclamaciones de admiración y de temor al mismo tiempo. Parece que el futuro, tantas veces dibujado en obras de ciencia ficción, ha llegado.
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Celebraciones

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Apenas nacer, nos inculcan que hay varias razones para celebrar cada año. Al principio predomina un sentido altruista. Luego, aterrizan las maratones de compras de regalos y postales, muchas de ellas inscritas con versos y dedicatorias de inimaginable cursilería.

Valdría la pena encomendarse a Pablo Neruda cuando escribió a Matilde Urrutia: Me falta tiempo para celebrar tus cabellos.

Una suerte de ruptura ante la realidad actual.
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Inflexiones: la vida en el siglo XXI

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sigloxxi
Cuando nos hablaban del año 2000, nuestras reacciones eran disímiles pero siempre acompañadas de un espíritu soñador, lleno de esperanzas e ilusiones, como si se tratase por fin del gran premio de la humanidad, con la llegada también del Nuevo Milenio.

Sin ser fatalistas, la verdad es que tranquilamente pudiera aplicarse la demoledora frase en inglés a la hora de evaluar poco más de década y media de los 2000: so what? O más delicadamente en francés, et alors? Concretamente no esperábamos nada o simplemente confiamos en las sorpresas agradables. Y hasta ahora, más decepciones que certezas.
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Creencias y meditaciones: milagros de la vida

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hpotter
Puede ocurrir en París, Hanoi, Sydney, Río de Janeiro, en La Habana o Panamá, da lo mismo. Para creer en algo no hace falta más que la mística, el pensamiento o la impronta del deseo.

Como bien dice un proverbio anónimo, “creer es más fácil que pensar, he ahí la razón de que haya más creyentes”.
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