Chiquiteo en el País Vasco

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De gira en el País Vasco, valga aclarar sin ánimo de polémica que en territorio español, la suerte de visitar pequeños poblados se hizo deliciosa en el sentido literal de la expresión. Descubrir el arte de “chiquitear” resultó un regalo supremamente agradable.

El guía de mis primeras andaduras por el País Vasco fue un anfitrión perfecto. Jesús era conocido por su vozarrón cercano a las malas pulgas, el incesante hábito de fumar y sobre todo, muy en especial, su sentido de la amistad y nobleza de carácter.

En realidad se vanagloriaba bastante cuando lo llamábamos Jesús El Vasco y se apasionaba al hablar de su nacionalismo acérrimo. Sin embargo, al explicarme la historia del “chiquiteo” en su natal Eibar, afloraba la ternura del niño que cuenta la belleza de las tradiciones.

Fue en una noche invernal de diciembre el “entrenamiento” sui-géneris del “chiquiteo”. De taberna en taberna, una copa de vino –o dos-, tal vez alguna tapa (aceitunas, sardinas, jamón serrano, tortilla española, mejillones, gambas, frutos secos…) y a seguir la fiesta en otro bar.


La idea es encontrarse con amigos o familiares, intercambiar saludos, debatir lo humano y lo divino, y la farra en movimiento en otras tabernas.

Por cierto, las tapas adquieren forma de pinchos en el País Vasco y una vez degustadas, se lanzan los palillos al suelo.

En honor a la verdad, los vascos prefieren llamar poteo al acto de ir de tapas y el nombre, valga la redundancia, de tapas, guarda su origen en la costumbre de antaño en los mesones de proteger alimentos y bebidas con cubiertas.

-Eibar y Lekeitio

Eibar es una pintoresca ciudad de poco más de 27 mil habitantes, con gente muy amistosa y noches bastante frías. Allí Jesús el Vasco tuvo la gentileza de invitarme a dormir en casa de sus padres, una pareja encantadora que no perdió oportunidad de hacerme una advertencia.

Me dijeron que tendría dificultades para dormir en la misma habitación con “Jesusito”. Emite ronquidos fuertes a veces, adelantaron con visible preocupación.

¿Fuertes?. Ni los poderosos estruendos de la caída del agua en Victoria Falls (las famosas cataratas de Zimbabwe y Zambia), ni los rugidos de un grupo de leones hambrientos, superaban los sonidos guturales de Jesús el Vasco.

En Mosi-oa-Tunya (el humo que truena) como denominan a las cataratas los habitantes de esos parajes, seis millones de metros cúbicos por segundo bajan y suben en las temporadas lluviosas, con un espectáculo extraordinario de belleza natural.

Jesús era un Mosi-oa-Tunya. Empero, el vino y las tapas, con una cena de colofón dominada por chipirones rellenos con almejas, me sirvieron de paliativo en aquella noche en Eibar, junto con el traslado a un magnífico sofá en la sala para evitar sucumbir en el terremoto de los ronquidos.

De Guipuzcoa nos fuimos a Vizcaya una vez rebasados los compromisos laborales. Quería mostrarme Lekeitio, todavía más pequeña que Eíbar, postal de naturaleza y espléndido horizonte de mares, embarcaciones y casas medievales.

Deslizado en las laderas de los montes Otoi, con un hermoso puerto, en Lekeitio resalta en particular la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora y el aspecto de Medioevo de sus tabernas, donde el “chiquiteo” es también una maravilla.

-Gernika y Chiquiteo

Para completar el periplo por el País Vasco no deben pasarse por alto a Bilbao, Pamplona y San Sebastián, pero la historia y la trascendencia de Gernika (o Guernica) hacen ineludible la visita al poblado tristemente célebre.

Víctima del bombardeo por la Legión Cóndor alemana el 26 de abril de 1937 en medio de la Guerra Civil Española, Guernica fue prácticamente destruida. La cifra exacta de muertos es imprecisa, con estimados que varían desde 300 hasta 1,645 personas.

Guernica y Luno, que así se llama el municipio de Vizcaya, tiene un museo consagrado a los horrores de provocados por los bombardeos atizados por el franquismo. En sus inmediaciones se ubica el famoso Arbol de Gernika, símbolo de las libertades vascas.

Detalles esenciales: de mayo a junio de 1937 Pablo Picasso diseñó 42 bocetos en su buhardilla del Grenier des Augustins de París, para dar lugar a su iconoclasta obra maestra, Guernica.

De la Ciudad Luz, donde disfruté de las historias que situaban casi omnipresente al genio malagueño, volvemos al País Vasco con su impronta del chiquiteo.

Denominado en vasco “txikiteo”, se trata del “arte de tomarse unos chiquitos”, de vino por lo general. Su origen no tiene referencias directas y se le atribuye a una costumbre de Navarra, La Rioja, Cantabria, Burgos y El País Vasco.

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8 comentarios en “Chiquiteo en el País Vasco

    • Se pasa muy bien en el País Vasco español. Es cierto que la comida es una delicia y el ambiente extraordinario. Lo de Eibar fue una linda experiencia.

  1. Pingback: Eibar, postales del País Vasco | Un lunar en la punta de la nariz

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