Palabras mágicas: Gabriel García Márquez

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Faltarían los buenos epítetos para describir su grandeza y aunque la seducción provoca rendir tributo al genio, Gabriel García Márquez es tan irrepetible como inconmensurable.

Todavía sus admiradores furibundos sentimos tristeza, con el placer paradójico, al mismo tiempo, de disfrutar su increíble virtud en la construcción de frases rodeadas de palabras mágicas. Gabo ya no está, pero queda su herencia divina.

El más entrañable y leído escritor latinoamericano de la historia, probablemente. Atrapar a un adolescente con Cien años de soledad y luego terminar por hechizarlo con El amor en los tiempos del cólera, es mi experiencia personal e íntima con el más audaz navegante colombiano de las letras.

Empero para arroparse a la sombra de un mástil aguardando por el despliegue de sus velas, había que adivinar el rumbo y los océanos por descubrir.

Podía ser el crítico más descarnado de las impurezas humanas; el hombre reflexivo ante una realidad social que le contrariaba; el autor de clases magistrales de periodismo o la figura más sensible y romántica, siempre a distancia de lugares comunes.

-PALABRAS MAGICAS-

Me permito compartir dos frases. En la primera, una vez más, sorprenden las observaciones de Gabo sobre asuntos terrenales, con esa pupila inquieta y escudriñadora. Son dos bellas digresiones de su libro autobiográfico Vivir para contarla.

…Hasta descubrir el milagro de que todo lo que suene es música, incluidos los platos y los cubiertos en el lavadero, siempre que cumplan la ilusión de indicarnos por dónde va la vida…
mercedesgab
Luego, sus sentidos relatos en la conquista de Mercedes Barcha, “la cómplice eterna de Gabo”, como titulara El País en una reciente hermosa crónica.

…Y allí estaba, como una estatua sentada en el portal, esbelta y lejana, y puntual en la moda del año, con un vestido verde de encajes dorados, el cabello cortado como alas de golondrina y la quietud interna de quien espera a alguien que no ha de llegar.

…A Mercedes sentada en el portal de su casa a las 7 de la mañana, con el traje verde de novia sin dueño y el cabello de golondrina incierta, sin sospechar siquiera para quien se había vestido al amanecer…

Sería improbable que después de haber leído Cien años de soledad, su obra cumbre que le valió el Premio Nobel de Literatura en 1982, se pasaran por alto las historias de Macondo y los Buendía, una suerte de reinvención de su Aracataca natal de Colombia

Como también algunos pensaron que sería casi imposible para el Gabo superarse a sí mismo tras su obra cumbre.

“Es la mayor revelación en lengua española desde el Don Quijote de Cervantes”, dijo de Cien años de soledad nada menos que el autor de Veinte poemas de amor y una Canción desesperada, Pablo Neruda.

Nos regaló títulos antológicos, como La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba; La mala hora; Chile, el golpe y los gringos; El otoño del patriarca; Crónica de una muerte anunciada; Viva Sandino; El amor en los tiempos del cólera; La aventura de Miguel Litín clandestino en Chile; El general en su laberinto; Del amor y otros demonios; y Memoria de mis putas tristes; y una clase magistral del reportaje: Noticia de un secuestro.

Falleció el 17 de abril de 2014 a los 87 años de edad en su residencia de México.

Todavía lo lloramos, a la espera de una señal suya desde el cielo.

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9 comentarios en “Palabras mágicas: Gabriel García Márquez

  1. Deja un vacío difícil de llenar, creo que pasarán algunos lustros para que surja una pluma tan cautivadora como la del Gabo, magistral en todos los sentidos incluso cuando escribió “Operación Carlota”, poco mencionada y de corta circulación.
    Bravo Le Moñè-Bachelet.

    • Pues así es…los que llevamos por oficio escribir, cuando nos miramos hacia adentro, siempre encontraremos un PERO al detenernos con sana envidia en las letras del Gabo.

    • Asi es, el Gabo es una figura singular de las letras hispanoamericanas. Sus textos son un regalo increíble de originalidad y astucia al armar una novela o un cuento.

    • Ya lo expresaba en mi nota, extrañaremos siempre al Gabo. No era un hombre muy expresivo al hablar, pero cuando escribía por costumbre y talento, lo hacía con sus guantes de inteligencia e ingenio.

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