Víctor Hugo: cartas de amor a Juliette Drouet

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París.- Cuando mis ojos hayan dejado de mirar, cerrarán los párpados con tu imagen y ya nadie podrá negarme la dicha de haberte amado. Eran sus últimos suspiros. Juliette Drouet tenía entonces 83 años y estaba a punto de morir.

Prendida a la sombra de Víctor Hugo, se despidió en realidad en el anonimato. Su nombre dice hoy muy poco, salvo el hecho de que era una bella mujer y adornó su vida con los aderezos dejados en el camino del amor por el ilustre autor de Los Miserables.

Víctor Hugo fue también un romántico apasionado, además de prolífico escritor, poeta y pintor. Juliette Drouet, su amiga, su compañera en el secreto de las voces susurrantes, la actriz de teatro que vivió intensamente a su sombra.

La dama oculta que escribió más de 20 mil cartas de amor al genio también de El Jorobado de Nuestra Señora de París, La leyenda de los siglos, Odas, María Tudor, El hombre que ríe, Los trabajadores del mar…

Anecdotario nacido de la fértil pluma humana, alrededor de una extraordinaria personalidad que al parecer, acompañado por la tragedia familiar (la muerte de sus cinco hijos, casi todos en circunstancias dramáticas), cobijó sus tristezas en el entorno de figuras femeninas.

Pretexto para las reverencias, imperecederas, hacia uno de los más grandes escritores franceses de la historia, que reposa en el Panteón parisino, al lado de Voltaire, Rousseau, Emile Zola, Marie Curie y Alexandre Dumas, “aux grands hommes la patrie reconnaissante”, por dictamen de la Revolución Francesa.

En el número 6 de la Place des Vosges de París, la Casa-Museo de Víctor Hugo, una de las dos residencias donde pasó la mayor parte de su vida (la otra en las islas de Jersey y Guernesey) encontró su espacio Juliette Drouet.

Apenas un capítulo, como tantos otros, en las historias del escritor, también amante furtivo de una de las grandes actrices francesas de todos los tiempos, Sarah Bernhardt.

Empero, como decía Nietzsche, miramos “una experiencia de siete soledades” y sólo queda la humildad del amor de Juliette Drouet.

Sus vestidos, las pinturas arremolinadas que salieron en tiempos tempestuosos de Víctor Hugo, los mensajes de hurtadillas, frases conmovedoras. Urnas, cofres y escritorios de época, atesorando un enjundioso puñado de hojas amarillentas.

Trazos finos y atemperados, letras temblorosas o líneas firmes y alegres. Es la mística de los sentimientos de una posesión que casi nunca fue completa. La mano insegura de Juliette, entre el despecho intermitente y la furia pasional de su amor y admiración por Vìctor Hugo.

Aunque deslumbra la belleza de la amante, hermosa hasta en su vejez, no puede faltar la figura de Adele Foucher, la esposa oficial en la vida del escritor, que alguna vez debió conocer la existencia de sus rivales, y en particular de Juliette.

Se habla de Pepita, un amor juvenil y vibrante durante las vivencias de Hugo en España, y de Blanche, o Alba, que provocaba la ira y los celos de Juliette y Adele al mismo tiempo. Era cuando el autor galo cortejaba el idioma español.

Tenía una casta hispana que le provocaba su espíritu aventurero, pero el propio hijo de Leopold y Sophie, nacido en Besançon en 1802, tuvo una visión disipadora: como español hubiese sido un escritor más.

La musa, su ángel abnegado, la personalidad que terminó siendo fiel a la constancia y a la entrega cada vez más enternecedora, pareció ser la actriz de teatro a la que conoció haciendo un pequeño papel en Lucrecia Borgia.

JULIETTE DROUET

Si la recompensa del amor llegara alguna vez en la vida… Y si el milagro estuviese al alcance de la mano…

Al final, Juliette Drouet murió apenas dos años antes y el mismo mes que Víctor Hugo, el 11 de mayo de 1883. Hacía ya tiempo que estaban juntos y libres, después del deceso de Adele.

Habían cumplido el pacto matrimonial que un día firmaron en secreto. Ella sería para siempre la amante más complaciente y lisonjera, y Víctor Hugo, a pesar de sus vaivenes amorosos, no la abandonaría jamás.

En mi sombra jamás había brillado tanta luz
Y soñé largo tiempo, contemplando uno a uno,
Tras el oscuro abismo que la ola me ocultaba,
El otro abismo sin fondo que se abría en mi alma.
Y me pregunté por qué estamos aquí
Cuál es al fin y al cabo el sentido de todo esto

Víctor Hugo, Las hojas de otoño

Fue en esencia una mujer sobreprotectora, que sufría en silencio las penas del abandono y al mismo tiempo se refugiaba en sus cartas íntimas para compartir el amor que era toda su vida.

Nació en 1806 en Fougéres bajo el nombre de Juliette Gauvain, quedando huérfana de madre a los pocos meses, y de padre al año siguiente. Su tío René Drouet devino tutor y encomendó su educación en París en un colegio religioso.

Alrededor de 1825 se hizo amante del escultor James Pradier, con quien tuvo una hija, Claire, y la representó en una estatua símbolo de Estrasburgo, que se halla en la Plaza de la Concordia en París.

Cuatro años más tarde Juliette Drouet comenzó su carrera de actriz en Bruselas y luego en París. En pleno ascenso, cuando interpretaba a la Princesa Negroni en Lucrecia Borgia, conoció a Víctor Hugo, en 1833.

A partir de ese momento, consagraría su vida al amor y a las letras. A sus escrituras apasionadas y vibrantes en reclamo de un espacio en el corazón del hombre que ocuparía todas las noches de sus pensamientos.

Una carta en la mañana y otra en la noche, cada día.

No estás ahora, quedan tus sombras, tu grandeza, las palabras retozando en el aire y las miradas de amor que nos hicimos…Cuento los amaneceres, las luces que inundarán los caminos y el instante de emoción con la llegada de nuestro pronto encuentro…

Juliette no puede vivir sin Víctor Hugo. Lo que en un inicio se antojaba un juego de seducciones, termina en el compromiso. Ella lo idolatra, él termina, al final, rendido a los pies de su más exquisita amante.

Como Fermina Daza y Florentino Ariza.

“Si mi nombre vive, el vuestro vivirá”.

Je te baise mille fois (Yo te beso mil veces).

VH.

La profecía de Victor Hugo a Juliette Drouet, cumplida más que nunca en su propio recinto parisino, en las dimensiones perfectas de la Place des Vosges, donde los enamorados de hoy quieren hacer su propia historia.

Para los cultores del idioma francés, el fragmento de un poema de Víctor Hugo, como Romeo, inspirado en su Julieta.

Hier, la nuit d’été, qui nous prêtait ses voiles,
Était digne de toi, tant elle avait d’étoiles !
Tant son calme était frais ! tant son souffle était doux !
Tant elle éteignait bien ses rumeurs apaisées !
Tant elle répandait d’amoureuses rosées
Sur les fleurs et sur nous ! Moi, j’étais devant toi, plein de joie et de flamme,
Car tu me regardais avec toute ton âme !
J’admirais la beauté dont ton front se revêt.
Et sans même qu’un mot révélât ta pensée,
La tendre rêverie en ton cœur commencée
Dans mon cœur s’achevait !
[…]
Víctor Hugo, Les Chants du crépuscule, 1835

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15 comentarios en “Víctor Hugo: cartas de amor a Juliette Drouet

  1. Esta historia es muy conmovedora y linda; por lo que representó, una vida amorosa y en secreto, incluso presente en los límites de la vida. Desearía tener más tiempo para leer tus articulos, que cada día me sorprenden por las diversas temáticas que abordas.

    • Nuevamente gracias por tus comentarios. La verdad es que hay muchas historias para contar en esta hermosa ciudad. Hemingway decía, no por gusto, que París no se termina nunca. También es cierto que mientras más información se acumula en las redes de internet, más fácil es emprender las investigaciones. Quiero, no obstante, volver sobre cosas escritas en el pasado que me parece tienen algún valor. Suerte y agradecido.

  2. per noi….
    esta es una de las historias mas cautivadoras, que he leido , sobretodo porque victor hugo es uno de mis escritores favoritos, en el se siente la pasion , el amor ,el deseo por la vida y por los seres que marcaron su vida…el concepto de sentimientos, de amor , el lo perfila de la forma mas autentica y romantica, tanto…que uno se ve reflejada en sus lineas. en sus poemas, en sus obras,gracias por publicar esta clase de historias , que cautivan mi atencion…

    • coincidimos plenamente. al visitar su antigua residencia en parís y conocer un poco más de su vida, el sentimiento de admiración crece bastante. agradecido por la lectura.

  3. Hermosa……..La locura del amor secreto….. Una de las tantas formas de Amar……Leo y se revive a través de sus palabras la historia …..Gracias por mantenernos vivos en el tiempo…..

  4. A hurtadillas, en secreto, con el lenguaje de las miradas….no sabía de las aventuras de Víctor Hugo. Claro que para escribir así, se necesitan historias de amor secretas.

  5. Pingback: Víctor Hugo, Martí, Mozart, Neruda, Picasso… | Un lunar en la punta de la nariz

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