Recordar a W con Oliver Stone

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Josh Brolin et Oliver Stone à la première de W, à New York, le 14/10/08

París.- Murmullos de sonrisas de satisfacción son perceptibles ahora en las salas francesas de cine. Un capítulo de la historia que dejó bien plantado al Hexágono frente a la demencial carrera belicista de George W. Bush.

Sin ambages, Oliver Stone recuerda los dramáticos días previos a la invasión de Estados Unidos a Iraq y las presiones de todo tipo de Bush dentro de su más reciente película, W. Una aproximación inteligente sobre la tenebrosa mediocridad del personaje.
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Montmartre en París

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Sacre Coeur, símbolo de Montmartre

Sacre Coeur, símbolo de Montmartre

París.- Parecen casas de muñecas, desvencijadas, frías y caprichosas. Se hace difícil imaginar que allí en esos pequeños recintos de Montmartre nació el París de la Belle Epoque, que daría raigambre a la plástica, la música, el cine y el arte más diverso.

Paraíso inspirador de Renoir, Picasso, Van Gogh (…), cuna de la vida díscola y apasionada de Edith Piaf, jolgorio de la gracia del pincel popular de Toulouse Lautrec y escondrijo finalmente de Jean-Baptiste Pigalle, para dotar de nombre al barrio del Moulin Rouge.
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Idiomas para el amor en París

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El muro de los Te quiero

El muro de los Te quiero

París.- Los timbres y fonéticas son bastante diferentes, pero a los ojos del corazón llegan con igual ternura. Escribir Te quiero en 311 idiomas o lenguas no es una obsesión, sino la original idea plasmada en París en el muro de los “Je t´aime”.

Inaugurada el 12 de octubre del año 2000, la obra de Frédéric Baron parte de la subjetividad y ofrece la sensación de creer que el amor tiene un lugar especial en el mundo. Es omnipresente y abarca la más amplia gama de sentimientos humanos.
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Chopin, Mozart y los símbolos de París

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Recinto del adiós a Chopin

Recinto del adiós a Chopin


París.- Cerca de la Plaza de la Concordia, no lejos del teatro de la Opera, una iglesia llamada la Madeleine parece absorbida por la disyuntiva de los símbolos. Uno de ellos es París, el resto, lo humano y lo divino.

Sin el donaire de Notre Dame o el Sacre Coeur (Sagrado Corazón), la Madeleine acaricia sus encantos a partir de un diseño irreverente. Pero sobre todo, la rodean pasajes inolvidables.

El 30 de octubre de 1849 fue velado allí Fréderic Chopin, el célebre compositor y pianista polaco. Por voluntad expresa en su testamento, se ejecutaron ese día en la Madeleine sus preludios en Mi Menor y Si Menor, y como colofón, el Requiem de Mozart.
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Pinceles: Suzanne Valadon y Maurice Utrillo

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Suzanne y Maurice
París.- Nunca he podido olvidar los pasajes de Vincent Van Gogh y el único cuadro que vendió en vida a través de su hermano Theo. Ni los litros de café negro que bebía Honoré de Balzac para sus noches en vela que pagarían deudas con cuentos por entrega.

Van Gogh murió a los 37 años de edad, después de arrastrar graves problemas psiquiátricos. Nunca conoció la fama ni fue ponderado en vida como uno de los grandes pintores de todas las épocas.
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Manneken Pis y chocolates: deleites en Bruselas

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Manneken

Bruselas.- La estatua de un niño que orina (el Manneken Pis) y el paraíso más colosal de famosos bombones, se antojarían dos curiosos perfiles para identificar a Bruselas, aunque la capital de Bélgica tiene otros vuelos de gran altura.

Sería difícil llegar a una conclusión definitiva sobre Bruselas, donde abundan las bellezas espectaculares de varios estilos arquitectónicos, pero al mismo tiempo se resiente de la anarquía de su infraestructura.
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Ginebra: alóbroges, idiomas y relojes

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ginebra1
Alóbroge es un extraño nombre sin pistas pero con la virtud de rescatar el origen de Ginebra, la ciudad suiza célebre por su industria relojera, el potente chorro de agua del lago Lemán y también por su sinfonía multicultural.

Fueron los primeros pobladores de la ciudad que terminaría siendo la sede alterna de la Organización de Naciones Unidas y de numerosas entidades internacionales. Sin embargo, los alóbroges tuvieron una larga historia.
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