Montmartre en París

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Sacre Coeur, símbolo de Montmartre

Sacre Coeur, símbolo de Montmartre

París.- Parecen casas de muñecas, desvencijadas, frías y caprichosas. Se hace difícil imaginar que allí en esos pequeños recintos de Montmartre nació el París de la Belle Epoque, que daría raigambre a la plástica, la música, el cine y el arte más diverso.

Paraíso inspirador de Renoir, Picasso, Van Gogh (…), cuna de la vida díscola y apasionada de Edith Piaf, jolgorio de la gracia del pincel popular de Toulouse Lautrec y escondrijo finalmente de Jean-Baptiste Pigalle, para dotar de nombre al barrio del Moulin Rouge.

Volver sobre los pasos de Montmartre vale la pena. Frente a la Place du Tertre, la entrañable plaza de los pintores, además del placer de contemplar trazos de gente anónima, nace la Belle Epoque.

Entre decenas de paradas recomendables, La Villa Léandre, de apenas 69 metros de largo, con estilo anglo-francés, depara algunas sorpresas. En sus alrededores está la casa donde vivió el genuino “Chat Noir”, es decir el gato negro.

Dio nombre a una famosa compañía de cabaret a inicios del siglo XX y cuentan que el Chat Noir tenía como dueño a Aristide Bruant, promotor de los espectáculos de Montmartre en la época.

Sus figuras trascendieron el paso del tiempo. Fueron inmortalizadas por los dibujos de Lautrec. Con el negro, rojo y amarillo como colores principales, Aristide Bruant y su Chat Noir son parte de la mística de este emblemático barrio parisino.

A pocos metros, Le Clos de Montmartre, el pequeño viñedo que se levanta orgulloso como el último de los Mohicanos. Uno de los pocos campos vitícolas urbanos del mundo. Produce mil 350 botellas de vino tinto, cuya venta se destina a obras sociales.

Empero la historia no termina ahí. En septiembre de cada año, una procesión de vinicultores celebran la “Fête des Vendanges”, para expresar su solidaridad a este pequeño tesoro, que no se traduce en Bordeaux o Borgoña, pero cautiva por su imagen cultural.

Tomada del brazo del cine y la música, la “Féte des Vendanges” nos sitúa justo enfrente de uno de los escondrijos más célebres antaño del área, el cabaret Le Lapin Agile (El conejo Agil), el más antiguo de París.

Le Lapin Agile tiene igualmente el sello de Aristide Bruant, quien lo compró en 1913. Con su techo de tejas a dos aguas, construido en 1795 e inaugurado como “Au Rendez-vouz des voleurs” (Cita con los ladrones), es un típico lugar bohemio.

De tantos motes, en 1869 se llamó Cabaret de los Asesinos, con grabados en sus paredes de famosos asesinos. Hasta que el dibujo de un caricaturista de entonces, André Gill lo transformó en conejo.

Inicialmente era El conejo de Gill pero al pronunciarse derivó en Le Lapin Agile desde 1880. Uno de los sitios favoritos de Picasso, Utrillo, Max Jacob, entre otros intelectuales.

LAS SEÑORITAS DE AVIGNON (subtítulo)

Nadia, una diligente guía del barrio, utiliza un argumento de seducción al acercarnos a Le Bateau-Lavoir: allí Pablo Picasso pintó Las señoritas de Avignon en 1907, preludio del cubismo.

Sólo queda su fachada desde donde se atisba un pequeño y estrecho edificio lleno de laberintos. Residencia de extrema modestia, del maestro malagueño hasta 1912, junto con Modigliani, Apollinaire, Jacob (…), por añadidura, de anfitrión de tertulias con Matisse, Gauguin, Utrillo, Cocteau (…).

Antes, el paseo por calles angostas en la “Butte” (la montaña) de Montmartre permite apreciar lugares como La Maison Rose, un pintoresco restaurant que inspiró a más de un impresionista, así como La Bonne Franquete, favorito de Emile Zola, Monet, Cézanne y Van Gogh.

A lo lejos, el majestuoso Sena, apenas para concitar nuevas interrogantes. Montmartre, que para ciertos historiadores se deriva de los Montes Mercure y Mars, a donde básicamente los turistas vienen por Sacré Coeur, la catedral del Sagrado Corazón.

Otros lo fijan en el Mont des Martyrs, punto focal de la leyenda de los martirios de Saint Dennis y sus compañeros. También y más simple aún, el nombre de una comuna anexada a París en 1860 o el refugio de una congregación de benedictinos.

POLICROMIA

En el número 35 de la rue Faubourg-Montmartre, a considerable distancia del Monte de los Martirios, aparece una confitería apodada con la magia del cariño: A la mére de familla (A la madre de familia).

Se trata de la dulcería más antigua de París, extendida con el mismo nombre a otros barrios de la ciudad. Fundada en 1761, con sus colores originales de verde y negro, se antoja una postal conservada con exquisita devoción.

Rinde homenaje a la madre de familia, como una suerte de premio a la rica historia del arte culinario francés y se considera un tesoro que esconde más de dos mil recetas de confituras, cerca de mil de chocolate, en Grands Boulevards.

Zona de diversas envolturas que tiende su manto al inmenso boulevard de Montmartre, con decenas de historias que contar, como la presencia del emblemático teatro musical Folies Bergeres (1869).

En el retorno a la “Butte”, con un guiño al insuperable Moulin Rouge y al corazón del erotismo sin aderezos de París, Pigalle, la casa donde vivió la cantante Dalida y luego, una misteriosa mansión cubierta de arbustos y enredaderas.

Se trata del Hotel Particulier. Sin más publicidad que todos los enigmas que rodean a una instalación de inicios del siglo XX, de dos plantas y apenas cinco habitaciones, una de ellas con un nombre sugestivo: Poemas y sombreros.

El arte y la naturaleza como telón de fondo. Aterrizaje en el paraíso, lejos del ruido y el estrés, aunque sueño sólo accesible para los adinerados. Precios tan obscenos como 600 euros la noche, nos devuelven a la realidad.

Entre cuestas y escalinatas, el recorrido se hace agotador y apenas permite un pequeño respiro ante el “Espace Salvador Dalí” y del Museo de Montmartre para saber más del actor francés Jean Marais (Fantomas, La Bella y la Bestia) y de otras almas que deambulan.

Para terminar con una amplia sonrisa, la entrada de un edificio de viviendas que en lugar de tener los nombres de sus residentes en los timbres de llamada, se leen: “Hemingway, Freud, Einstein, Victor Hugo, Manet, Proust, Rembrandt, Balzac, Goya, Lautrec, Moliere, Picasso (…).

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