Recordar a W con Oliver Stone

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Josh Brolin et Oliver Stone à la première de W, à New York, le 14/10/08

París.- Murmullos de sonrisas de satisfacción son perceptibles ahora en las salas francesas de cine. Un capítulo de la historia que dejó bien plantado al Hexágono frente a la demencial carrera belicista de George W. Bush.

Sin ambages, Oliver Stone recuerda los dramáticos días previos a la invasión de Estados Unidos a Iraq y las presiones de todo tipo de Bush dentro de su más reciente película, W. Una aproximación inteligente sobre la tenebrosa mediocridad del personaje.

En Francia, donde las simpatías por  Barack Obama, superaron el 80 por ciento de la población, el recuerdo de la negativa de Jacques Chirac al apoyo a la guerra de Iraq, es un capítulo de orgullo nacional.

Stone prefirió la ficción, sin apartarse de pequeños segmentos documentales, para tener licencia abierta. “No pretendí encender más un ambiente claramente negativo para Bush, sino dejar espacio a la reflexión”, declaró.

La crítica puede ser no demasiado generosa con su entrega, tal vez porque muchos esperaban mensajes demoledores y revelaciones inéditas en el concierto de los entresijos del poder en la Casa Blanca.

A diferencia de JFK, Pelotón o Nacido el 4 de julio, el reconocido realizador llega con una mirada más distante, de aparente neutralidad sobre un personaje al que posteriormente califica de “patético y lamentable”.

W se estrenó pocos días antes de las elecciones estadounidenses. Tal vez con el ánimo de no influir en la opinión pública y frente a maniobras de censura como ocurrió en el Festival de Roma, donde el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, la prohibió.

El largometraje enfureció a los republicanos y no pocos medios estadounidenses se fueron a las ramas sin profundizar en el producto: Stone vuelve a atizar el fuego, escribió Los Angeles Times.

Empero, hablemos del séptimo arte como tal. El primer acierto de W es Josh Brolin en el papel protagónico. Aunque físicamente no se parece tanto a Bush, termina convenciendo por la autenticidad de su histrionismo, el mejor de su carrera para muchos.

Brolin, quien ya descolló en No es país para viejos (de los hermanos Cohen), logró meterse en el papel a una altura tan digna como para soportar el reto que supusieron los sobresalientes Richard Dreyfuss (Cheney) y James Cromwell (Bush padre).

CLAVES OLIVER STONE

La primera sorpresa de la cinta es el largo camino que intenta mostrar una larga y oportunista metamorfosis de la conveniencia. Aspectos que llevan a W a un estrato para el cual no estaba concebido por su padre después de vida licenciosa con gran apego al alcoholismo.

De hecho era su hermano Jeb el escogido por la familia para escalar el pedestal más elevado de la política, pero diversas circunstancias cambian el rumbo y colocan a “Junior” en la escena, apuntalado por notables asesores.

No es un estúpido porque de lo contrario sería difícil entender cómo pudo sostenerse ocho años en la Casa Blanca, aún con los índices de popularidad más bajos de un presidente norteamericano en la historia.

La revista Variety lanzó una fuerte crítica al trabajo de Stone. “Para un filme que podía haber sido una abrasadora sátira o una rotunda tragedia es, en todo caso, demasiado convencional, especialmente en cuanto a su estilo”.

Un punto de vista respetable que, sin embargo, pasa por alto interesante mensajes subliminales que aportan, cuando menos, novedades en la película.

Entre los más sobresalientes, la escena de la discusión final para lograr todo el apoyo a la invasión a Iraq, en el cual sus principales colaboradores degustan exquisitos dulces y uno de ellos casi atragantándose: Donald Rumsfeld (Scott Glenn).

Luego el énfasis en un detalle significativo: W comienza a sufrir pesadillas no por los desmanes cometidos en Iraq, ni por los asesinatos ni las torturas cometidos en nombre de una supuesta cruzada antiterrorista.

El único asunto que le preocupa es no haber estado nunca a la altura que su padre deseaba y de terminar siendo la vergüenza del clan de los Bush.

Como discurso cinematográfico, W no es el mejor ejemplo del sello Oliver Stone, pero si un aporte indispensable de la saga de los presidentes estadounidenses y de uno en particular que será juzgado por la historia.

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