Se había visto de todo, pero casi nunca la amenaza de estar y no estar, de celebrar con miedo. Llega un nuevo año, ojalá, ojalá, aprendamos las lecciones y la Navidad no sólo sea un alto en el camino para las tradiciones.
Un lunar en la punta de la nariz

¿Qué sería la vida sin Navidad y Fin de Año?, preguntó un pueblerino. Nada, respondió un agnóstico. Perderíamos el rumbo de nuestra existencia, dijo un religioso.
Apegado a la mística de los años, un anciano, sin más preparación que el trabajo y la familia, hizo un pequeño comentario: apreciar lo que tenemos.
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