Reina María Rodríguez, palabras del alma

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Errática, imperfecta y muy trabajadora, como ella misma se califica. Pesadilla de los editores por ese afán preciosista de reescribir sus versos a mano. Bailarina frustrada por una escoliosis lumbar, amante de un piano, después condenado a muerte por la plaga del comején.

Luego de escribir varias notas sobre un mismo tema, se me hace difícil retomar los caminos. Pero vale la pena cuando se trata de Reina María Rodríguez, una laureada poeta cubana con la virtud de hacer volar sus palabras del alma.

Habla con una naturalidad meridiana de los avatares de Cuba en plena crisis económica de los años 90 (el llamado período especial) y repite sin ambages que todo artista es político, porque el arte se adelanta siempre a lo que la sociedad no ha evaluado críticamente.

-Mi política es trabajar lo que veo, siento, pienso y creo, pero dentro del lenguaje, que es donde me siento mejor y es lo único que me importa.

Con nostalgia recuerda la Azotea de Reina, el espacio que concibió en su casa que por ubicarse en la calle Animas, en el barrio de Centrohabana (con cables soterrados), gozaba del privilegio de tener casi siempre electricidad cuando los apagones en La Habana.

-Nos decíamos los iluminados, intercambiábamos libros, por las anotaciones sabíamos que le interesaba a cada cual, y hacíamos juicios y valoraciones. Lamentablemente casi todos los escritores de esa época (los años de 1990) se fueron de Cuba. La Azotea perdió la esencia de su proyecto y es imposible sustituir a las personas.

También relata, en esa justa medida que mantiene de la palabra, cuando comenzó a viajar al exterior y se la pasaba fotocopiando libros que cargaba de vuelta, una suerte de conflicto porque sus hijos (cuatro) esperaban otras cosas. Aunque siempre dejaba algún dinero para artículos de primera necesidad que escaseaban en Cuba.

-Un poeta tiene que ser un depredador hambriento, uno va tomando de muchos (…) mientras más nutrientes, más lenguajes tengas, más será el diapasón, como es el diapasón de un poeta como Pablo Neruda.

Me alimenta de la lectura, he devorado a Nicanor Parra porque es un irreverente, a Virgilio Piñera, a Lezama (José) que es otro registro; no son mejores ni peores, son razas, como Neruda, Huidobro (Vicente) Lihn (Enrique) y Virginia Woolf (…). Cada libro es un tiempo, como un paseo hasta llegar a un lugar aunque no sea un fin.

-LAUROS-
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De distinciones, ya suma algunas relevantes. Laureada por Casa de las Américas en 1984 con Para un cordero blanco y en 1998 con La foto del invernadero; Orden de las Artes y las Letras de Francia en 1999; Premio Nacional de Literatura de Cuba en 2013; y recién, Premio Iberoamericano de Literatura Pablo Neruda otorgado en Chile.

La modestia sería en su figura un adjetivo recurrente. Por mucho que se esmere no puede ocultar que la fama, los honores y los reconocimientos le son ajenos.

Dice que ya probó escribir en cualquier parte del mundo pero se siente atada a la Isla, a ese sentimiento indescriptible de un espacio que le pertenece.

-Mi mamá me decía que aún si ella cambiaba de modelo la máquina de coser, tenía que colocarla en el mismo sitio porque de lo contrario temía no volver a hacer un vestido con similar calidad a los de siempre.

-Pero mi madre no viajó al exterior porque tenía miedo. La invitaron muchas veces a Paris. Yo me mantuve distante del tema, con los libros, muy quieta, la idea del hogar que es lo más importante, haciendo un cocinadito.

Sin embargo, Reina María admite que se dan rupturas o variaciones en los hábitos más arraigados a partir de nuevas realidades

-Dos de mis hijos viven fuera de Cuba y hay muchos amigos que también ya no están en la Isla. Así que me decidí a viajar y a conocer otras cosas. Detrás, de todas formas, guardo esa idea de mi madre, que la máquina está ahí y no puede cambiar de lugar, con esa sensación de que si yo me muevo algo malo va a pasar.

Tengo un sentimiento unamunesco, pero me llega un libro y me provoca otro más, expresa en una de las pocas veces que sonríe.

-LITERATURA Y CINE-

Amante de la literatura y el cine ruso, de noveles, ensayos y poesía, también de todo el arte que sea posible consumir, con acento en la escritura alemana y francesa también, apasionada de Virginia Woolf y del privilegio del séptimo arte igual de Polonia y Hungría, básicamente.

-Estoy eternamente agradecida del gesto que tuvo el poeta costarricense Alfonso Chase, quien me regaló una caja de libros de Virginia Woolf en los años 80. Resultó una gran influencia en mi carrera.

-Recuerdo una anécdota que cuando era niña y no sabía leer pero me hacía la que leía, en mi casa había un libro de Rafaela Chacón Nardi a quien mi madre le cosía y dentro de ese libro estaban cartas de Gabriela Mistral. Así que Chile nunca me ha sido ajeno.

La conversación puede ser interminable, pero mejor poner un punto final para evitar excesos. Siempre es curioso saber como una mujer que estudió piano y pretendió ser bailarina, termina con versos de carácter más literario, de lenguaje franco.

-No tengo el lenguaje de la música. Cuando escuché a los poetas mapuches me quedé muerta con ese hablar cantando. Sin embargo, es cierto que la poesía cubana es muy sonora.

-Hay una influencia española y Nicolás Guillén es un ejemplo, además de lo que nos llegó de Lorca y los surrealistas, pero no es mi caso. Soy una cronista, una paisajista de mi época. Muestro un retazo de mi madre, que es mi gran inspiradora.

-Trato de hilvanar un tejido dentro de un mosaico que se compone de niveles de jerarquías, en el cual está todo, incluido el cine, la danza y la música.

Para cerrar uno de sus poemas más emblemáticos.

Remordimientos Para un Cordero Blanco

No me puedo librar de ese ojo
que mira desde el cuadro
mis imperfecciones.
toda mi culpa de vivir
y querer
inventándome.
me estoy buscando
y tengo miedo
casi un miedo fanático
de haber sido cómplice
inacabada
porque también sonreí cuando quería matar.
mis mentiras son sueños
agua que no nadé
y este vicio
este vicio de mariposas
un solo día volando sin cesar
luego polvillo oscuro sobre las violetas.
Perdóname ojo de mi cordero adolescente
si en estos años te engañé
y pude ser
diferente.

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