Jazz, con Harold López-Nussa

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Harold López Nussa


París.- Se pasa las manos por la cabeza con frecuencia, como un gesto reflexivo que acomoda con su abundante cabellera. ¿Francés?. Bueno, tiene un pasaporte que lo dice y su abuela gala de pura cepa, pero amante de su tierra adoptiva, Cuba.

Harold López-Nussa es habanero, tiene apenas 27 años y literalmente, es un virtuoso del piano. Sucede que hay muchos en el mundo. Algo que comprende muy bien, como elemento insoslayable para compulsarlo a seguir subiendo escalones.

Para llegar a la cima (…), no lo dice así, claramente, aunque se siente el deseo, la ambición. Cubano afincado casi la mitad del año en Francia con una vehemencia admirable en sus ejecuciones de piano, como si la sangre latina no lo dejara tranquilo nunca.

-Mi abuela francesa hizo un viaje a Estados Unidos, donde conoció a mi abuelo cubano que residía allí entonces. Juntos se dieron una vuelta por México y luego aterrizaron en Cuba, donde acaba triunfar la Revolución en 1959. Decidieron quedarse en la Isla.

-Ella toca piano y conoce la música clásica y el jazz. Ya mi abuelo murió. Era pintor, crítico de arte y conocedor de la música.

Además de mi tío Ernán, mi padre percusionista, mi madre profesora de piano. En fin, toda la familia (…).

La conversación tiene lugar en París en el inicio de un tímido verano, poco generoso con las tardes soleadas. Sin embargo, el azar es caprichoso. Junto a su trío que integran su hermano Ruy Adrián en la batería y el consagrado Felipe Cabrera, en el contrabajo, hizo su arcoíris en la capital francesa.

Se dio el gusto de presentarse en el New Morning, que es como la catedral del jazz en Francia.

Coincidimos en que si bien el género no destapó una ola de músicos franceses como si lo ha hecho el cine a lo largo de los años, rezuma identidad propia. Hay muchos de un rango sorprendente.

-Jazz francés-

Los franceses adoran el jazz y, por supuesto, a sus buenos músicos. Desde Jean Luc Ponty, un violinista sui-géneris, el desaparecido pequeño-gigante Michel Petrucciani y naturalmente, Michel Legrand, capaz de moverse con genialidad por todo el pentagrama.

Sin embargo, el sello más visible es el llamado jazz-manouche, gracias a los aportes de Django Reinhardt, belga, gitano y francés por adopción. Luego, la influencia de numerosos interpretes estadounidenses de alto vuelo.

-Hay un movimiento del jazz impresionante en Francia. Es por eso que lo tengo como una plataforma para abrirme paso en Europa, aunque lógicamente hay una asignatura pendiente, Estados Unidos. Debió convertirse en realidad este año, pero demoraron las visas.

Eran dos conciertos en el mes julio en Nueva York y Boston. No pudo ser. Si fuimos a Montreal, Canadá. Esperamos que en 2012 los promotores no se arrepientan y finalmente hagamos los recitales en Estados Unidos.

No hago ningún descubrimiento al afirmar que París es como la niña de los ojos para el lanzamiento de eventos o productos. En una oportunidad, un grupo de árabes llenos de petrodólares vinieron a la Ciudad Luz para presentar el circuito de Fórmula 2 (lanchas rápidas).

Al verificar el trayecto, en ningún caso tocaba siquiera ciudades francesas. Le pregunté a uno de los organizadores y la respuesta fue simple: cualquier cosa que se diga desde París tiene impacto mundial.

Un poco para explicar el aterrizaje de Harold López-Nussa en París. Música clásica, una formación en los conservatorios habaneros Manuel Saumel y Amadeo Roldán, y posteriormente estudios en el Instituto Superior de Arte de Cuba. De repente, el jazz.

-Retomar lo clásico es bastante complicado. No fue una decisión irreflexiva y, sí, obviamente que mi tío Ernán de cierto modo me inspiró.

Trato de hacerlo lo más sincero posible, lo más transparente, sin abordar cosas que realmente no sé, aunque también del riesgo salen improvisaciones magnificas. Me proyecto lo más honesto posible, con mucho respeto.

Los jazzistas, jóvenes norteamericanos en el top, si uno analiza bien, ofrecen una combinación, mezcla de muchos músicos anteriores. No es algo nuevo. Hay por ahí terreno fértil en los compases brasileños y Cuba aporta bastante.

Harold y su trío

Si el New Morning recibió alguna vez a Stan Getz, Dizzy Gillespie, Art Blakey, Dexter Gordon y Chet Baker, entre otros, y como prueba de su pluralidad al viejo zorro de Bob Dylan, hay escenarios igualmente relevantes del jazz en Francia.

Uno de ellos el Festival de Juan-les-Pins, una preciosa playa situada entre Niza y Cannes, que se antoja paraíso de la música y la naturaleza.

-Sello Harold-

El lauro concedido por la Adami (Talento Musical del Año), la asociación francesa de la música similar a la SGAE de España, fue la llave de muchas puertas para López Nussa y su trío, un premio al tesón y el esfuerzo.

Así llegó al Parc Floral parisino, apenas horas más tarde de la actuación en Juan-les-Pins. Ratificó que el virtuosismo los acompaña. En el bajo Cabrera en la espiral ascendente, como figura que compartió ya escena con Herbie Hancock, Wayne Shorter y Wynton Marsalis, lo mismo que el mozalbete Ruy Adrián, de 24 años, en la batería.

El llamado latin jazz, los ritmos afrocubanos, de Brasil o afronorteamericanos afloran de diversos modos en la impronta de López Nussa, aunque su cubanía está fuera de dudas como reafirmaba en el Parc Floral.

Suiza, España, Italia, Noruega, Alemania, Holanda y algún “brinco” por Gran Bretaña y Bélgica, así lo atestiguan.

-El jazz que viene de New Orleans saca a relucir también sus raíces africanas. Luego están las escuelas de Cuba y Brasil.

La música latinoamericana se ha interrelacionado, desde Chano Pozo, con Dizzy Gillespie (…); percibo un intercambio entre lo estadounidense, cubano y afro, dentro del jazz.

Chucho Valdés dice que en Cuba estamos haciendo jazz cubano, y puede ser, es una manera, un tipo de música, que marcó el propio Chucho con Irakere.

Rebosante de excelentes pianistas, la isla caribeña lanza al éter de lo desconocido una serie de nombres para los cofres del pentagrama.

El propio Chucho Valdes, Gonzalito Rubalcaba, Ernán López Nussa, Ramoncito Valle, Roberto Fonsecha, Rolando Luna, Aldo López Gavilán, Roberto Carcasés; y de otras épocas, Rubén González, Peruchín y Frank Emilio.

Empinándose hacia el firmamento, Harold López Nussa. Su último disco, El país de las maravillas, con su trío y el saxofonista puertorriqueño David Sánchez de invitado especial, es bastante prometedor.

¿Tocará las estrellas?. Ahí lo dejo, buscando como él mismo reconoce más espacio creativo: estudiar, aprender y abrirse en todos los horizontes posibles del arte. En la dicotomía de no perder el impulso o tal vez acomodarse.

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4 comentarios en “Jazz, con Harold López-Nussa

  1. Tiene casta de músico y los genes no se chotearon, ya había leido críticas de Harold y es brillante, su Tío es un monstruo y como bien señala en sus declaraciones fuente de inspiración.
    Felicidades!!!!!!!!!!! y que siga cosechando éxitos.

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