Mesa servida: canguros, cocodrilos…

Comments 4 Estándar

Carne de canguro


Un cangurito de plomo en medio de una mesa buffet se alzaba como señal reveladora del banquete que nos esperaba en un hotel de lujo en Phnom Penh, capital de Cambodia.

Entonces Lola, que andaba más sensible que nunca por su embarazo, pareció lanzarme puñales con su mirada. “No se atreverán a comer carne de canguro”, dijo de forma casi suplicante dirigiéndose también a su esposo.

No le hicimos caso y degustamos con fruición la deliciosa cena. Era en realidad uno de los platos preparados por el Chef, obviamente feliz por la popularidad del canguro. En ese momento estaba lejos de pensar que algún día visitaría Australia.

Los sentimientos encontrados que nos hacía sentir Lola pasaron rápido con el disfrute de la comida. “No tienen compasión”, añadió Lola al percatarse que literalmente le viramos la espalda.

En las andanzas por el Lejano Oriente, me aguardaban otras “novedades” en las mesas de insistentes anfitriones asiáticos. Siempre he creído que esta gente de ojos rasgados, además de gozar del don de la paciencia, confía absolutamente en la supremacía de su cultura milenaria.

Así intentaron convencerme en Vietnam de las delicias de la carne de perro. Hop me repetía: si has comido carnero, ni siquiera notarás la diferencia. Me resistí estoicamente y por cierto tiempo me sirvió la excusa de alergias a determinados alimentos fuertes.

Luego Hop, en complicidad con Tchai, me invitaba con relativa frecuencia a cervecerías populares de Hanoi. De acompañantes se ingerían unas empanadas casi insípidas.

Tchai, que no habla ni una palabra en otro idioma que no sea vietnamita, era de esos tipos simpáticos, expresivos, amistosos. Al punto de querer frotar con sus manos el hielo para las jarras de cerveza como prueba de fraternidad.

Los patrones de higiene en el Sudeste Asiático no se asemejan a los nuestros. Es cuando uno se percata que en una encerrona de cervezas y conversaciones disparatadas, con la diligente traducción de Hop, hay que cerrar los ojos.

“Si te ha gustado el carnero, nunca podrás renegar del perro”, volvía Hop con la misma cantaleta. Sospecho que inconscientemente alguna vez probé el perro, pero no abiertamente.

Se exhiben al igual que los cerdos asados en las calles de Vietnam. Recuerdo también que perdí a mi primer perro durante mi estancia en Hanoi. Era de raza Chau Chau ligado con vietnamita y se llamaba Tobi. Tuve la impresión de haberlo visto ensartado por una púa y listo para ser devorado.

Ya en la frontera con China, ávido de conocer Shenzhen, que se alistaba como la vitrina del gigante asiático con la fusión de Hong Kong a ese país, Hang, una simpática guía de dos nacionalidades, me ratificaba las bondades de ciertos platillos de la región.

Tanto en Vietnam como en China, la serpiente es otra de las exquisiteces de la mesa. Digamos que es digerible si antes de comerla no se tiene enfrente a uno de estos reptiles. Lo peor está en las bebidas que contienen en el frasco a un ofidio.

“El emperador Minh llegó a tener más de un centenar de esposas y concubinas al mismo tiempo. Bebía con frecuencia este aguardiente de arroz con sangre de serpiente”, repetía con una pícara sonrisa Hang.

Pero ni Minh, ni la belleza de Hang me convencieron. A duras penas tuve que tomar el elixir, que si tenía propiedades de viagra, a mi no me hizo ningún efecto.

Con el telón de las espectaculares cataratas Victoria Falls, las más grandes del mundo en ancho (1,7 kilómetros), en la frontera entre Zambia y Zimbabwe, un paseo por el río Zambeze me permitió por primera vez aproximarse a elefantes salvajes.

No fueron, sin embargo, los elefantes los que más me impresionaron, sino los hipopótamos, esos animalillos regordetes con rostros bonachones, nadando al lado de los voraces cocodrilos.

Pues me explicaban que si bien los cocodrilos son en ocasiones feroces, los hipopótamos tampoco son angelitos inocentes. Tienen tal fuerza en las mandíbulas que con una sola dentada puede partir un cuerpo en dos.

Aunque son herbívoros, se muestran bastante agresivos también con los humanos. Así que nada de caritas nobles y cuidado, que además son veloces pese a su corpulencia.

Finalmente para llegar al punto de las carnes, en Victoria Falls no comí hipopótamo, por supuesto, sino carne de cocodrilo, una delicia de agradable textura, con sabores que se asemejan entre la langosta y el filete de pollo.

No hay que pensar que uno está degustando un cocodrilo. Simplemente, disfrute el paladar y listo. En el hotel, por cierto, también probé avestruz, nada sensacional y en la línea habitual de las aves.

Anuncios

4 comentarios en “Mesa servida: canguros, cocodrilos…

  1. Tengo mis dudas sobre la calidad de las comidas exóticas. Seguramente son prejuicios. Los asiáticos son aparentemente muy saludables y comen cada cosas. Tal vez son ellos los que tienen la razón. Interesante artículo.

    • Los códigos de las comidas son parecidos a tradiciones y costumbres adquiridas a lo largo de los años. También es cierto que con la modernidad se perdió bastante en la calidad de los productos. La exploración es válida si tiene asideros saludables. Gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s