La historia no contada de Pablo Neruda (VI)

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RICARDOELIECER
Habría podido adoptar poses solemnes y preguntas alambicadas para el diálogo con el abogado Eduardo Contreras, pero su propia personalidad facilitó las cosas. Aparcados los circunloquios, me dijo que el conjunto de extrañas circunstancias establecidas, “nos da de sobra para sostener que lo más probable es que a Pablo Neruda lo asesinaran”.

Mientras, Miguel Alvarado Natalí, de la pléyade emergente de poetas chilenos, se alinea con la misma hipótesis. “Vivimos 40 años con una sola versión de lo que lo llevó a la muerte y si bien es cierto que estaba enfermo, mantenía una lucidez intelectual y de creación intacta, con la cual pudo terminar de escribir Confieso que he vivido”.

Alvarado Natalí accede a responderme en paralelo dos vertientes relacionadas con el insigne Premio Nobel de Literatura, para muchos el mayor poeta hispanoamericano del siglo XX.
MALVARADO
-La poesía de Neruda es total, te envuelve, te estremece y te desgarra el alma, pero también la alegra. Te acerca a la militancia y al amor. Tiene la frescura de lo cotidiano y el pasado de esas razas de las alturas.

-Tendría yo unos 9 años cuando leí en una roca escrita de una caleta de pescadores un poema de nuestro Nobel: “El océano pacífico se salía del mapa. No había donde ponerlo. Por eso lo dejaron frente a mi ventana”.

“ Y fue a esa edad, llegó la poesía a buscarme. No sé, no sé de dónde salió, de invierno o río. No sé cómo ni cuándo, no eran voces, no eran palabras, ni silencio, pero desde una calle me llamaba…”, recreaba la impronta de Neruda.

Antes de darle otra vez la palabra a Eduardo Contreras, el abogado que lleva el caso en torno a la verdadera causa del deceso de Neruda, el escritor y poeta chileno completa sus sentimientos.

-Las atrocidades de la dictadura fueron tan evidentes y en distintos ámbitos, que no es ninguna locura pensar que al poeta lo asesinaron. Si se atrevieron a matar a Víctor Jara, al General Prats y a Orlando Letelier, no me cabe ninguna duda que Neruda vivo complicaba a Pinochet.

-DEMASIADAS COINCIDENCIAS, MUCHA CASUALIDAD-
ECONTRERAS2
Hombre inquieto y ameno, el doctor Contreras se muestra locuaz cuando indago sobre lo que hoy se conoce como el expediente Neruda, más allá de la extraordinaria obra poética de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, nacido en Parral el 12 de junio de 1904, fallecido en un muy dudoso escenario el 23 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile.

De partida, sabemos de la relevancia de Don Manuel Araya, el chófer y ayudante del vate desde noviembre de 1972, testigo clave que destapó la trama que en la actualidad intenta esclarecer el caso. El letrado es elocuente en sus comentarios.

-La historia empieza con la entrevista de Manuel Araya a la revista mexicana Proceso; esa publicación llama la atención a quienes nos interesa el tema, porque es la primera señal de que pudiera ser que Neruda no hubiese muerto del cáncer de próstata que todos conocimos y siempre señalada como la causa de su muerte.

Encomendado por el Partido Comunista de Chile (PCCh) del cual forma parte, el prestigioso jurista chileno detalló los pasos en su labor.

-Lo primero que hicimos fue un trabajo bastante serio con Araya. Tuvimos varias reuniones con Araya, la revista debió haber salido a inicios de enero de 2011 y desde entonces dialogamos con Araya en San Antonio (región de Valparaíso), además de un abogado y otros personajes, para tratar primero de descubrir quién era Manuel Araya cuyas declaraciones parecían muy firmes.

-Y ahí empezaron las sorpresas, para haber sido chofer de Neruda en esa época debía tener autorización de la dirección del PCCh y poseer mínimos conocimientos de defensa personal para poder cuidarlo.

-Logramos dar hasta con quien lo recomendó que fue Julieta Campuzano que ya estaba muerta, pero sus hijas nos contaron la historia de Araya y ubicamos a un anciano cuyo nombre no recuerdo que era uno de los profesores de las escuelas de cuadros del partido que enseñaban las primeras técnicas de defensa personal para gente que cumplía funciones de guardaespaldas.
ARAYANERUDA
-Todos confirmaron que Araya fue el chofer de Neruda desde fines de 1972 hasta la muerte de Neruda en 1973; y que había seguido estos cursos de defensa personal.

Le cuento a Contreras que tuve el privilegio de conversar largamente con Araya y que me ofreció un testimonio sólido y pleno de convicción.

Nunca nos mintió en nada. La inyección del día domingo 23 de septiembre de 1973 existió; la mancha de color morado en el cuerpo de Neruda es precisamente uno de los síntomas que produce el estafilococo dorado.

-Y contó que había estado preso en el Estadio Nacional, lo cual es cierto. Luego el mencionó un detalle: cuando estaba recluido le tocó al lado un moreno centroamericano. Yo nunca olvidé ese pequeño detalle.

-Estando en Uruguay entre 2014 y 2015 de embajador de Chile, me llama un día mi colega de República Dominicana y me dice: oye el ministro consejero y cónsul quiere hablar contigo, Rafael Pineda. Me viene a ver el cónsul Pineda y me dice: yo quiero saludarlo embajador, porque yo estuve preso en Chile, y entre otras cosas menciona que a su lado en el Estadio Nacional se encontraba el chofer de Neruda.

Despejadas las incógnitas alrededor de Araya, el proceso apenas comenzaba, por lo cual surgen una serie de preguntas obvias a Eduardo Contreras.

-Me di a la tarea de ubicar al médico que atendía a Neruda en Chile, que sabíamos lo había atendido en Francia; ese médico era Guillermo Merino Hinrichsen. Su comentario fue tajante: yo te puedo asegurar que no se dé que murió Neruda, pero de cáncer no fue. Yo lo controlaba y él no estaba para morirse., no estaba en estado terminal.

-Y el certificado de defunción, que lo expidió un médico que no vio a Neruda cuando murió, dice estado de caquexia, que es un estado consecuencia del cáncer y otras enfermedades graves, según el cual se pierde todo el peso y el enfermo se transforma en un esqueleto. Nada de eso se ajusta a Neruda, un hombre grueso hasta el final de su vida.

-Además un caquéxico tarda meses y Neruda, estaba lúcido, habló con el embajador mexicano Gonzalo Martínez Corbalá, con el embajador de Suecia, tuvo amoríos con Alicia, la sobrina de Matilde Urrutia (su última esposa).

El “arsenal” de anécdotas y argumentos en la cartera del abogado Contreras resultan cuando menos alucinantes. Darían fácilmente para el guión de una película de suspenso, con seguro éxito de taquilla.

Me permito entonces poner punto final a esta primera conversación con el letrado y a manera de colofón provisional, una frase que deja abierto el camino a muchas más interrogantes.

-Se comprende que en la vida las coincidencias no son tantas, sobre todo cuando se trata de delitos. En una ocasión, el químico de la dictadura Eugenio Berríos (asesinado luego en Uruguay por las propias huestes de Pinochet para silenciarlo), declaró que “si quieres eliminar a un insoportable, usa estafilococo dorado”.

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14 comentarios en “La historia no contada de Pablo Neruda (VI)

  1. Cada día se torna más fascinante esta historia, síguela hasta el final que esto da para una buena novela.
    Felicitaciones.

    • Bueno al paso que van las cosas, eso parece. No puede ser todo obra del azar. Y es una pena que el mundo de haya perdido unos años más de creación. Gracias por la lectura.

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