Saramago y el cine: hombres clonados

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Saramago
Nunca fue un escritor fácil de leer pero tenía un verbo franco y directo a la hora de abordar temas inquietantes, sin olvidar el vuelo inconmensurable de amor por Pilar del Río Sánchez marcado por los relojes de su vida.

José Saramago escribía de izquierda a derecha, como si tratase de remarcar su compromiso político con las izquierdas. Lo repetía al hablar y mucha gente se lo tomaba de broma. Sin embargo, era algo muy serio.

Aunque mucho se ha publicado sobre su partida de nacimiento, prefirió hacer la versión propia de los hechos. “Saramago no era el apellido de mi padre, sino el apodo. El empleado del registro civil estaba borracho y añadió Saramago al nombre que yo debía llevar: José de Sousa”.

… “llamándose mi padre José de Sousa, la ley quiso saber cómo tenía él un hijo cuyo nombre completo era José de Sousa Saramago. Así, intimidado, no tuvo más remedio que hacer un nuevo registro de su nombre, por el cual pasó a llamarse también José de Sousa Saramago, como su hijo”.

-EL CINE-
Duplicado
Bajo el título en inglés de Enemy, el canadiense Denis Villenueve se atrevió a llevar al celuloide El hombre duplicado, una de las obras más interesantes del Premio Nobel de Literatura nacido en Portugal.

Una propuesta que dejó atónitos a los espectadores que con pereza se levantaban de sus butacas mirándose en busca de la respuesta imposible. La pérdida de identidad, a propósito de la inercia de la vida moderna, los valores cuestionados y una moral tambaleante.

Ya con Incendies (Incendios) en 2010, nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera, Denis Villenueve dio las claves como realizador inquietante y prometedor, que confirmó luego en Hollywood con Prisoners en 2013.

Ahora con Enemy se adentra en el veleidoso camino de adaptar una obra compleja aunque muy seductora por su contenido. Adam (Jake Gyllenhall) es un aburrido profesor universitario de historia perdido en los laberintos de una personalidad carente de emociones.

Sostiene una relación monótona y exenta de contenido con su novia Mary (Mélanie Laurent). De pronto por azar se tropieza con un actor de poca monta, Anthony que es su imagen y semejanza absoluta, y tiene una esposa embarazada, Helen (Sarah Gadon). El suspenso atrapa al espectador y la trama se torna enrarecida.

Sin embargo, no llegará un final complaciente, porque sería contradecir al propio Saramago, aun con las licencias que se toma Villenueve.

En el libro el protagonista se llama Tertuliano y con las mismas premisas resulta rebasado por la realidad inesperada de un doble. La esperanza de ser único, en medio de su anodina vida y el permanente tedio, se desmoronan.

Saramago se adelanta a su tiempo al deslizar los miedos de la clonación, pero no como angustia pueril, sino en la premonición del hombre postmoderno atrapado por las tecnologías.

La película de Villenueve coquetea con el Eye Wide Shut de Stanley Kubrick y al parecer no esconde sus guiños a un estilo cercano a los “enfant terrible” del cine, los David, Cronenberg y Lynch, para dejar al espectador todas las lecturas posibles.

-JOSE SARAMAGO-
SaramPilar
Autor de clásicos de la literatura como El Evangelio según Jesucristo, también fue provocado con Ensayo sobre la ceguera, llevada al cine en 2008 por el brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios), con un reparto de reputadas estrellas.

Sin embargo, el resultado fue magro y el mensaje parabólico de Saramago de criticar el egoísmo de la sociedad actual, quedó disperso.

Con Denis Villenueve tuvo mejor suerte pero no alcanzó a disfrutar la versión cinematográfica. Se despidió de nuestro mundo el 18 de junio de 2010 a los 87 años en Islas Canarias, España.

A su viuda Pilar no le gusta que la llamen así. Se aferra a la idea de que José Saramago vive en sus libros que le granjearon el Premio Nobel de Literatura de 1998.

También en sus sacrosantos relojes que la perturbaban hasta que un día su enamorado esposo le dijo:

–Ya no vas a tener que hacer más tu excursión nocturna. Voy a dejar que los relojes se vayan parando. No voy a darles más cuerda.

Poco después, la llevó reloj por reloj para hacerle notar que todos marcaban la misma hora: las cuatro. Y a la pregunta obvia de por qué las cuatro, Saramago le recordó que a esa hora en 1984, conoció a Pilar.

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