Detalles, Kenny G.

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En una colección de música que se respete, siempre existen discos situados en lugar preferencial. De esos que a ciegas se pueden hallar fácilmente con la certeza de complacer con celeridad al sentido auditivo.

Sin pensarlo dos veces, muchos melómanos tendrán a mano a Kenny G. o más bien Kenneth Gorelick, su verdadero nombre.

Saxo soprano, que en ocasiones incursiona el pentagrama con el saxofón tenor y alto, consiguió en una meteórica carrera lo que para la mayoría de los jazzistas es un sueño inalcanzable: hacerse millonario, con un estilo muy propio del cual desbarran puristas del género.

Hace algún tiempo, el reputado guitarrista estadounidense Pat Metheny se mostraba bastante lapidario: Kenny G. no es un músico. No hay mucho de que hablar sobre cómo toca, ni en un concierto en vivo, ni en grabaciones de estudios (…).

Es una opinión, pero no cualquiera. Metheny ha sido ganador de 17 premios Grammy y se le considera uno de los monstruos sagrados de la música contemporánea.

Sin embargo, por suerte existe la pluralidad de pensamientos. Meses atrás en París le repetía el comentario de Metheny al talentoso y joven pianista cubano Harold López-Nussa y su reacción fue diametralmente opuesta.

Con Harold (del clan López-Nussa) intercambiamos en torno a la dicotomía de los músicos actuales, muy especialmente los jazzistas, enfrentados a incursionar caminos tal vez más comerciales para poder adelantar una carrera exitosa.

De hecho, este virtuoso caribeño de 27 años tiene una formación clásica que derivó en el jazz.

Recordemos a Luciano Pavarotti, el inolvidable tenor italiano, cuando decidió popularizar el “bel canto” con un acercamiento colosal en célebres dúos con Frank Sinatra, Celine Dion, Sting y Andrea Bocelli, entre otros, y conciertos con Bryan Adams, Bon Jovi, Queen, Zuchhero, Eros Ramazzotti, Michael Bolton y Natalie Cole.

-Multifacético Kenny-

Kenny G. tiene muy buen gusto. Digan lo que digan. La fineza de sus canciones junto al virtuosismo y la pulcritud de sus ejecuciones ofrecen siempre deliciosos productos.

Su rostro juvenil, adornado siempre con una encrespada melena, se antoja sello de frescura en sus melodías. Puede soportar los embates de los críticos, porque a cambio hasta los neófitos distinguen su sonido de sello propio.

Alegre, melancólico o hasta meloso edulcorado. Concertista en recitales al aire libre y en teatros cerrados para auditorios selectos, autor de bandas sonoras de numerosas películas norteamericanas. Nombre insoslayable, sin dudas.

Sus primeras obras fueron deslumbrantes, pero con Siluetas (1989) a partir de presentaciones en vivo, le permitió escalar el pináculo de los elegidos. A tal punto que las casas discográficas no perdieron tiempo y en el impasse colocaron en el mercado recopilaciones de sus más descollantes actuaciones.

“Necesito que cada nota nazca de los sentimientos de mi corazón y estos sentimientos sólo ocurren cuando en verdad están listos. La música no puede recibir dictados, porque es mucho más grande que el propio hombre”, comentó Kenny G. a propósito de su CD Breathless (Sin aliento).

“Mi corazón, mi alma y dos años de mi vida transcurrieron en esta colección de canciones, algo que siento con valor y estuvo esperando por ustedes (…)”, completó su diálogo con amantes de sus producciones más significativas como Breathless.

Sus travesuras de apariencia desenfadada lo colocan, en todo caso, en el selecto clan de los impertérritos de la música, con olfato para hallar la balanza exquisita en la concepción de un disco.

Uno de sus clásicos fue Duotones de 1986, pero en un repaso general de sus producciones aparecen los privilegios de sus encuentros ocasionales con estrellas de la interpretación vocal o instrumental.

Me agrada bastante At last …The Duets Album, en el cual logra empalmarse nada menos que con Gladys Knight, David Sanborn, Daryl Hall, Richard Marx … y con sus majestades de Earth, Wind and Fire, y, la Reina de las Reinas, Barbra Streisand, en caricias de terciopelo con el pentagrama.

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6 comentarios en “Detalles, Kenny G.

  1. Reblogueó esto en Un lunar en la punta de la narizy comentado:

    Cuando el francés Antoine Joseph Sax (Adolphe Sax) diseñó y construyó el saxofón en 1840, nunca imaginó que se convertiría en uno de los grandes aportes a la música. Los acordes del jazz o las baladas románticas bien elaboradas, serían inimaginables sin el saxo.

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