Aventuras de viajes: Tailandia y Cambodia

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Para un buen observador, los aeropuertos internacionales trascienden más allá del estrecho calificativo de terminal aérea. Algunos llevan consigo la virtud de reunir en instantes a diversas culturas, etnias y tendencias del mundo, aunque también son reflejo del comportamiento humano.

Al viajero le edulcoran la idea de aeropuertos confortables, servicios personalizados y aviones a todo lujo de extraordinaria seguridad. Linda estafa, porque al final del cuento la espera no tiene precio y de un accidente aéreo no se salva nadie.

Sacrosantas las excepciones. Aquellas que rezuman la alegría con los sobrevivientes de las catástrofes del espacio y, las otras, que descargan impotencia y frustraciones con la invasión de cenizas volcánicas o poderosas tormentas de nieve.

Recuerdo todavía mi primera incursión en el Lejano Oriente. Después de repasar Shogún, Taipán y Pasaje a la India, la predisposición se inclinaba con sentido común al abordaje tranquilo de una cultura milenaria, enigmática y encantadora.

Empero el mundo de aeropuertos y aviones es particularmente sui-géneris. Amalgamas insondables asomaban para mí desafíos y alborotos.

De Barajas en Madrid a Orly y acto seguido a Roissy Charles de Gaulle en París, con destino a Bangkok, Tailandia; un tránsito de apenas 24 horas para llegar finalmente a Hanoi, Vietnam. Así era en teoría el trayecto.

-BANGKOK-
Bangkok es un corredor aéreo privilegiado en el Sudeste de Asia y sus terminales se antojan hormigueros. El primer impacto, luego de 16 horas de vuelo es de extrañeza. Por lo general es factible tropezar con personas de disímiles nacionalidades en los aeródromos.

Monjes budistas con sus vestidos naranjas, trajes típicos de acento asiáticos, lenguaje thai en el ambiente, las famosas orquídeas y las mujeres de bellos y finos perfiles. La seda y los dibujos orientales, y esas enigmáticas sonrisas que quieren decir tantas cosas.

En este mosaico especial, las rarezas son los occidentales rubios y los negros africanos.

Todo hubiese sido muy interesante sin el aderezo de la Odisea que Ulises tampoco sortearía ni con paciencia tibetana.

Mi boleto aéreo con reserva a Hanoi, decían estaba vencido porque mi vuelo era fantasma (no existía); ofrecían una conexión en dos días y los demás pasajeros en situación similar –todos de ojos rasgados-, se alborotaban como la afición enardecida ante el cobro de un penal injusto en el fútbol.

Hablaban en chino … o quizás en tailandés, bahasa indonesio, vietnamita, japonés, coreano o filipino. Creo que a Tom Hanks le fue mejor en sus avatares en La Terminal, la película de Spielberg basada en un hecho real ocurrido, por cierto, en París.

Se me ocurrió entonces llamar a un amigo en Madrid para contarle mis penurias y sentir solidaridad. En definitiva eran sucesos simples: mi maleta andaba en alguna parte de este mundo, contaba con una valija de mano y poco dinero.

Si me iba a un hotel no sabría tal vez nunca la fecha de mi salida a Hanoi, pero si me quedaba en el aeropuerto estaba seguro que me vería enfrentado a ninjas y samuráis. Al final el hotel, una buena ducha y el reposo horizontal de seis horas, sabia decisión.

“Es un hombre de suerte, su vuelo está confirmado, saldrá a Hanoi a las 16:00 horas” (del siguiente día), me espetó apenas verme una simpática azafata vietnamita que supo distinguirme dentro del enjambre asiático.

La chica no sabía de mi maleta, pero con su sonrisa me devolvió la calma y las subsiguientes ocho horas de espera se hicieron razonables.

-CAMBODIA-

Tiempo después seguiría aferrado al deseo de la aventura que me ha perseguido toda mi vida y en medio de una cobertura especial en Cambodia, tomé un riesgo bastante complicado.

Andaba en el compás de espera de las elecciones generales en Cambodia auspiciadas por Naciones Unidas y 18 mil Cascos Azules, cuando decidí ir a Siem Riep, enclave donde se encuentra el fabuloso templo del Angkor Wat pero también nido en 1993 de los temibles Khmers Rojos.

Poco antes del aterrizaje, desde el helicóptero donde viajábamos los periodistas, vimos el derribo de otro aparato similar que nos servía de escolta, por la artillería antiaérea de los sediciosos de Pol Pot, afortunadamente sin víctimas que lamentar.

Un alto oficial de los Cascos Azules nos dio la bienvenida, con la advertencia de que estábamos en terreno peligroso. En la salida del precario aeropuerto se encontraban varios taxistas de motos, el transporte típico cambodiano.

Hice un arreglo con uno de los motoristas y fuimos al Angkor Wat, porque el privilegio de visitar al emporio de los centros religiosos del universo, era ineludible. Había monjes budistas por doquier y se respiraba un ambiente de respeto y miedo.

Los temores venían por la amenaza de los Khmers Rojos, quienes en verdad cumplieron la promesa de respetar al Angkor Wat y apenas lo dañaron. Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, se trata de la mayor estructura religiosa jamás construida.

El espectáculo era sublime, pero el calor y la humedad desesperantes. Ya me había acostumbrado a la kroma, la bufanda cambodiana policroma y multiusos, la cual paliaba la situación.

Su arquitectura refleja el acento del hinduismo fundado por el rey Suryavarman II en el siglo XII, desde 1113 hasta 1150. El templo se convirtió en pilar de la cultura khmer y de hecho fue su capital en la época de mayor esplendor.

Cinco enormes torres en forma de loto resaltan a primera vista en el curioso recinto, que tiene un ancho de 200 metros y está rodeado de un lago de una extensión de 3,6 kilómetros.

Mi mayor preocupación en el éxtasis en el Angkor Wat era el chófer contratado. No podía acompañarme en el paseo por el cuidado de su moto en una zona ligeramente alejada de Siem Riep. Supuse que en cualquier momento me abandonaría y le prometí entonces invitarlo a almorzar.

Nos fuimos a la ciudad copada de Cascos Azules y antes de llegar al restaurante escogido -en plena calle y con banquetas casi a nivel del suelo-, un oficial de la ONU me detuvo para repetirme que Siem Riep era zona de Khmers Rojos.

Escogí Loc Lac, un plato típico de ternera marinada con salsa de soja acompañada de pimienta, sal y limón, y unos Nems vietnamitas, porque al final la cocina cambodiana es un poco de todas las mezclas del sudeste asiático.

El diálogo entre el chófer y yo era muy simpático. Entre el cambodiano y el inglés debe existir algún aspecto en común que permitía, con bastante gestualidad de ambas partes, entendernos bien.

Me dejó posteriormente en un hotelito y quedamos en la recogida a primera hora del siguiente día muy temprano. De las seis horas que pensaba dormir, quedaron en una, ante el incesante sonido de metralletas que rompieron el silencio de Siem Riep.

Temprano en la mañana los Cascos Azules decidieron concentrar a todos los periodistas para enviarnos de vuelta a Phnom Penh en un Hércules C-130, una colosal nave de guerra que puede transportar tanques.

Nos colocaron paracaídas y fuimos sentados como lo harían los “rangers” listos para el asalto aéreo. A mi lado me tocó a una preciosa colega tailandesa, amistosa y con una mirada angelical.

Ante el peligro de la artillería antiaérea de los Khmers Rojos, daba lo mismo tener al lado a Oliver Khan que a una princesa del antiguo reino de Siam. Aunque honestamente, me sentí un tipo afortunado.

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11 comentarios en “Aventuras de viajes: Tailandia y Cambodia

  1. Tremendo privilegio, la experienica de sentirse en medio de un mundo que no tiene nada que ver contigo, y a la vez darse cuenta que siempre, mientras haya humanidad, habrá algo que compartir

    • Cada lugar tiene su encanto. Para mi no hay definitivamente países o rincones detestables salvo por actuaciones a veces horrendas de los propios seres humanos. El Sudeste Asiático será protagonista en el mundo en los próximos decenios. Gracias.

  2. Hola, me encanto estas historias de viajes pero mas me gusta esta idea de hacer un aparte especial con cronicas de esos pasajes vividos en cada rincon del mundo por donde has pasado y que plasmes tus experiencias aqui. Espero pronto nuevas propuestas. Sobre toda una de tu recorrido por Australia. Congratulaciones.

    • Deberías hurgar más en el blog. Hay que recuerde 3 historias que se refieren de alguna forma a Australia. Sobre todo una que se llama Marco Polo perdido…Agradecido siempre por tu fidelidad.

  3. Hermano, me resulta fabuloso el relato, estoy seguro que tienes mucho más en tus recuerdos, sigue deleitandonos con ello.
    Felicidades!!!!!!!!

    • En efecto, hay muchas historias y anécdotas de esas aventuras que uno vive por el mundo. Voy a insistir en el tema, porque veo que agrada a muchos lectores como es tu caso. Del libro, o los libros, ya dependerá bastante de una casa editorial dispuesta a esta otra aventura. Agradecido.

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