Mitos: Cervantes, Einstein o Mafalda

Deja un comentario Estándar

   Frases célebres, pensamientos filosóficos o reflexiones de vida nos han acompañado a lo largo de la historia. Casi siempre atribuidas a personalidades de la cultura universal, dichas o escritas con un alcance imperecedero.

   Hasta ahí vamos bien. Empero, de un tiempo a esta parte, también han sido salpicadas por el tóxico ambiente de las fake news, tergiversadas en función de intereses particulares o, más reciente, manipuladas por la Inteligencia Artificial.

   Miguel de Cervantes es uno de los favoritos en esta tendencia, con foco nada menos que en El Quijote, considerada la obra maestra de la literatura hispana.

   El cervantista manchego Fernando Redondo Benito, profundiza en el tema con una lucidez alucinante: una parte del Quijote que citamos, compartimos y creemos recordar, nunca fue escrita.

   -Hemos fabricado un segundo Cervantes. Es más breve, más solemne y mucho más previsible que el verdadero. Habla como nosotros, confirma lo que pensamos y siempre tiene preparada una frase perfecta. El problema es que nunca existió», asegura Redondo Benito.

   Su estudio permite asomarnos a esta relativamente nueva realidad, cada vez con mayor fuerza en un mundo donde la lectura en profundidad se relega a un segundo plano y parte de las nuevas generaciones, acepta como bueno un primer enunciado, sin corroborarlo.

   Tantas veces que hemos acudido a la frase “Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras”. Una manera de expresar comportamientos o sucesos con cierto pesar, pero que, en verdad, no es de Don Quijote y obviamente, no es de Cervantes.

   Irónicamente, el también teatrólogo, poeta y cronista cultural Redondo Benito señala que el Cid perdió una frase y Sancho ganó otra con el «Cosas veredes, amigo Sancho (…). La expresión se relaciona con la tradición del romancero cidiano y con una formulación anterior: «Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras».

   Al abundar, apunta que, en algún momento del camino, el Cid desapareció y Sancho ocupó su lugar. Funcionó porque las conversaciones entre don Quijote y su escudero parecen capaces de albergar cualquier advertencia, sorpresa o pensamiento.

   Cerrando el capítulo Cervantes, en política se usa mucho en España el «Ladran, Sancho, señal que cabalgamos», que como aseguran los especialistas, tampoco está en el Quijote, ni en la primera parte de 1605, ni en la segunda de 1615.

-EINSTEIN Y MAFALDA

   Físico alemán nacido en 1879, nacionalizado después estadounidense, con aportes como la teoría de la relatividad, la equivalencia entre masa y energía o el efecto fotoeléctrico, Albert Einstein falleció en 1955 en Nueva Jersey después de ganar en reconocimiento popularidad.

   Premio Nobel de Física en 1921 por el descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico, fue probablemente de los científicos más famosos del mundo. Tal vez por todo ello, acuñarle frases que nunca dijo, se haya convertido en tendencia.

   La más repetida y del gusto universal es esta: «Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana, y no estoy seguro del universo».

   Sin embargo, no existe documento alguno, ni escrito original de Einstein, que de fiabilidad a su autoría.

   Ni tampoco, «la locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes», reflexión que pertenece a una novela de la escritora Rita Mae Brown publicada en 1983.

   La pregunta es ¿por qué esta fascinación a atribuirle frases o pensamientos a figuras célebres?

   Comillas y una firma, con un nombre que respalde la idea. Raras veces, la gente se cerciora de la veracidad del enunciado. Ya con llevar la rúbrica de alguien de mucha trascendencia internacional, parece suficiente.

   Ya en un ámbito digamos más coloquial, aparece la querida y simpática Mafalda, la imperecedera creación del argentino Joaquín Salvador Lavado (Quino), que ha traspasado el umbral del tiempo sin cambiar el tono de sus inquietudes infantiles, aunque más madura.

   Actualmente, la curiosa e inteligente niña -no ella sino los suplantadores de identidades en redes sociales-, se preocupa del cambio climático, la pérdida del hábito de lectura, los conflictos cotidianos y de las guerras.

   Asume, o eso pretenden algunas corrientes, el lugar del inefable Principito de Antoine de Saint- Exupéry, con una genealogía relacionada con antiguos proverbios, pensamiento crítico o filosofía popular cotidiana.

   «¡Paren el mundo, que me quiero bajar!», es una de las citas más difundidas de Mafalda, a tal punto que obligó al propio Quino a desmentirla en múltiples ocasiones.

   Mafalda no ha dejado de ser muy carismática. Una preciosa escultura en Oviedo, Asturias, la recuerda con emoción y sencillez. Pero está clamando por respeto, como seguramente lo harían Cervantes y Einstein.

Deja un comentario