Australia y la leyenda del boomerang

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Por alguna razón inexplicable, siempre tuve el sueño de visitar Australia. A priori me fascinaba la sensación de lejanía y grandeza de la isla-continente, los canguros, koalas, los exóticos paisajes y los aborígenes asociados a leyendas del boomerang.

Nunca estuve más cerca que cuando viví tres años en el sudeste de Asia y aunque confieso me esmeré en buscar todos los pretextos laborales posibles, Australia seguía muy distante en mi horizonte.

Costaba casi lo mismo venir a París que viajar a Canberra, Melbourne o Sydney en avión, único medio de transporte razonable para llegar a una de las extensiones territoriales menos pobladas del mundo (una superficie de 7,686,850 kilómetros cuadrados para algo más de 20 millones de habitantes).

El Nuevo Milenio, la llegada del siglo XXI me hizo accesible el milagro, inesperado por demás. Trabajaría en la cobertura de los Juegos Olímpicos de Sydney-2000, una oportunidad excepcional que me permitió adentrarme en el océano Pacífico y conocer, de soslayo, a la paradisíaca Tahití.

Entre tantas atracciones, incluidas por supuesto las deportivas, estaban los enigmáticos pasajes alrededor de un objeto de apariencia simple denominado boomerang, que sirve bastante como imagen para marcar el efecto de algo que retorna siempre.

Arma letal para cazadores furtivos, implemento recreativo o sencillamente uno de los símbolos más genuinos de Australia, el boomerang fue la pieza de artesanía más cotizada de los participantes en la cita de Sydney-2000, al lado de los muñecos de peluche de canguros y koalas.

Las historias del boomerang se asocian por lo general a los aborígenes australianos antes de la occidentalización de la isla-continente, cuando sus primeros pobladores inventaron el aditamento para la caza, se cree que hace 10 mil años.

En verdad se llamaron kylie los que no regresaban a manos del cazador y servían para aturdir o matar a pequeños animales. Otros de mayor tamaño, de un metro de altura y curvados se convirtieron luego en los “killing sticks” y se encontraron también en Atapuerca, en Egipto en la tumba de Tutankamón y en Polonia.

De todas formas, los investigadores “aussies” (como llaman a los australianos) señalan que los aborígenes diseñaron un boomerang muy simple que constituía un palo de madera, con una curva y los bordes de puntas filosas, de tres pies de largo y un peso entre 2 y 4 kilogramos, capaz de recorrer más de 200 metros.

Aunque apenas se utiliza en la actualidad, todavía tiene sus encantos para la caza del conejo. Además puede herir de gravedad a un canguro o a un dingo.

Sin embargo, el más famoso de los boomerangs, obra también de los aborígenes, no se parece mucho a su hermano mayor. Pequeño, ligero de peso y con ángulos cortantes, posee la virtud de retornar a las manos del lanzador y busca ahora un espacio entre los deportes internacionales.

El ángulo de la curva es superior a los 90 grados y su diseño parte de un solo palito que toma la forma deseada después de un arduo trabajo. Para fines comerciales se pule y se barniza y sufre de las aberraciones turísticas con algún cartelito cursi impreso, como el kitsch: I love boomerang, con el corazoncito pintado y todo.

A pesar de que sería interesante desarrollar las hipótesis aborígenes e indígenas de los presuntos misterios que envuelven al boomerang, la explicación científica se antoja muy terrenal.

-Enigmas-

Basa su trayecto de ida y regreso en el principio Bernoulli. El físico, matemático y médico suizo-holandés Daniel Bernoulli (1700-1782) fue el pionero del principio de la hidrodinámica según el cual la presión de gas decrece en la misma medida en que la velocidad aumenta.

Esto se traduce en que el área de presión baja en el tope del ala, creando entonces un sistema de despegue.

Aunque Bernoulli aporta las explicaciones en torno al fenómeno del boomerang, los aborígenes y buena parte de la población australiana siguen creyendo en la mística del artefacto, no obstante admitir que su recorrido es similar al de los aeroplanos.

Cazadores-recolectores, los aborígenes de la inmensa Australia vivían en grupos nómadas que viajaban por sus territorios cazando con lanzas y boomerangs, además de pescar en canoas y recolectar frutos y plantas.

No tenían lengua escrita y transmitían sus conocimientos por medio de relatos y canciones. Estuvieron a punto de ser exterminados a mediados del siglo XIX (de 750 mil a 45 mil), pero lograron recuperarse.

Ya no son, como hasta 1960 “parte de la fauna australiana” y aunque conquistar sus derechos de igualdad con el resto de sus “compatriotas” de origen británico, les costó mucha sangre, dejaron de ser un emblema más al lado del boomerang.

Finalmente para dejar una curiosidad en el aire, el canguro se come en la isla-continente y en muchos sentidos no se trata de un acto de crueldad. Su carne es exquisita y la población de este marsupial es enorme.

Sin embargo, las sociedades protectoras de animales han llamado la atención en particular del canguro rojo, una especie muy vapuleada que en un futuro pudiera entrar en la lista del peligro de extinción.

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4 comentarios en “Australia y la leyenda del boomerang

  1. Claro que esto me hizo recordar a nuestra entancia alli para los Juegos Olímpicos de Sydney-2000.
    Fue una justa deportiva que nos marcó para siempre porque nos abrió una puerta que nunca pensábamos podría abrirse: Australia.

    • Todavía me parece un sueño. Creo que no sólo fue llegar tan lejos, sino descubrir a una isla-continente fascinante, lamentablemente a veces olvidada por las distancias. Suerte.

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