Arte y mística: Iglesias de Roma (I)

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Roma.- El poder del Vaticano, la influencia de la Iglesia Católica. Devotos y temerosos del castigo divino. Turistas y curiosos. Romanos y ciudadanos del mundo. Ninguna comunión es capaz de mostrar tantos colores y perfiles como en los templos de Roma.

Las Piazzas (Plazas), las apariencias de una sociedad que pretende mostrarse abierta, alegre y libertina; las trazas del Imperio Romano, y la devoción altruista de los genios de esculturas y pinturas.

El arte más puro en su cercanía apasionada hacia el culto de las vírgenes, iconos, apóstoles, santos y la figura de Jesucristo.

Basílica de San Pedro


Jesucristo y la Virgen María, la sinfonía de los milagros, de la mística religiosa, de San Pedro en la encarnación de Dios en la Tierra.

Pecado supremo fuese no consagrar largas pausas a toda esta amalgama de temas, en un intento de aproximarnos al rosario de joyas de la humanidad que constituyen las iglesias de Roma.

Roma divina, Roma imperial, Roma pagana.

Giuliano vuelve a sorprenderme apenas comenzado lo que sería un paseo maratónico y fascinante por la Ciudad Eterna.

Andamos muy cerca de la Piazza Barberini, con los “aromas” perceptibles de Bernini. Por ahí deslumbran la Fontana del Tritone y la Fontana delle Api (de las Abejas) y a pocos metros, la iglesia de Santa María della Concezione, en plena Vía Veneto.

La Vía Veneto, Fellini y La Dolce Vita, inevitables referencias a una avenida que hoy se antoja demasiado elitista y burguesa. Mejor contraste no podía existir: la Santa María della Concezione dei Cappuccini.

Es una iglesia sobria, ajena a lujos rimbombantes. Encargada por el Papa Urbano VIII, hermano del fraile capuchino Antonio Barberini. En su cripta hay un mensaje estremecedor sobre la levedad del ser.

Huesos y cráneos de cuatro mil frailes capuchinos constituyen sus decorados, junto a algunos cuerpos momificados con sus vestiduras. Fueron traídos entre 1528 y 1870, y están acompañados por una frase lapidaria:

“Lo que eres ahora, nosotros una vez lo fuimos; lo que somos ahora, tú lo vas a ser”.

-Basílica de San Pedro-

Llegar a Ciudad del Vaticano es trasladarse de cuerpo y alma a uno de los rincones más reconocidos del mundo. Ingresar a la Basílica de San Pedro tiene el peso literal de llevarnos a la Casa de Dios en la Tierra, donde está enterrado San Pedro, el primer Papa de la historia.

Obra maestra consagrada durante siglos por varios artistas, aunque dos de ellos dejaron un legado imperecedero para la humanidad: Michelangelo di Lodovico Buonarroti (Miguel Angel), y Gian Lorenzo Bernini.

De Micheangelo nada sería comparable a los frescos la Capilla Sixtina, aunque también sus méritos afloran con la dirección de las obras del templo a partir de ideas del arquitecto Bramante. La Plaza de San Pedro y la columnata que la rodea fue proyectada por Bernini.

Los interiores con el techo en oro, los pisos y columnas de mármol, y las extraordinarias esculturas que lo embellecen, dejan la sensación de encontrarse bajo el poder de la Iglesia Católica en todo su esplendor, pero también riquezas y opulencias.

La Piedad


Tres obras, en lo personal, me impresionan sobremanera. El Baldaquino del Altar Mayor, obra de Bernini; la Piedad, de Michelangelo, y la cúpula del mismo artista, de 42,5 metros de diámetro y altura de 132, donde reza la inscripción en latín del texto del evangelio de San Mateo 16,18:


“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y te daré las llaves del Reino de los Cielos”.

-Roma auténtica-

Podría tomar un camino lineal o anárquico para seguir un recorrido que nadie debería perderse al visitar Roma. Sólo que la Ciudad Eterna es tan auténtica que ni siquiera la pasión del amigo Giuliano permite escapar a los detalles.

Para conservar una suerte de hilo conductor y sin un propósito definido, Michelangelo nos arrastra a otras de sus genialidades en San Pietro in Vincoli (San Pedro encadenado), una iglesia al parecer del año 400 donde está el increíble Moisés y el Mausoleo de Julio II de 1515.

Santa Maria del Popolo, al lado de la Piazza del Popolo, decorada en su interior por Bernini con marcado estilo barroco, y el atractivo singular de dos obras maestras de Caravaggio, Crucifixión de San Pedro y Conversión de San Pablo.

Como ya descubrimos al gran Micheangelo Merisi da Caravaggio, emblema de la pintura barroca, nada mejor que San Luigi dei Francesi de 1589, obra de Domenico Fontana con diseño de Giacomo Della Porta.

En este templo discreto se pueden contemplar Martirio de San Mateo, Vocación de San Mateo y San Mateo y el Angel, todas de los pinceles de Caravaggio.

Sería un estropicio seguir el paseo y atropellar obras monumentales recogidas en otras iglesias y sus alrededores en Roma. Dejemos ese placer para una segunda cita, con el arte que transpira cada metro de la capital italiana.

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6 comentarios en “Arte y mística: Iglesias de Roma (I)

  1. huesos sirviendo de decoración, la piedad que representa a María con su hijo muerto entre brazos, la crucifixión de pedro, no puedo evitar preguntarme si se puede hacer bella la experiencia de la muerte, o si porque nos las presenten bella dejará de crearnos tanto estupor. en fin, el arte siempre ha querido compartir una forma de ver las realidades del hombre, lo hace con frescura y elegancia, pero al fin, mirando en profundidad, siguen las preguntas.

    • Ya bien los reseñas, el brazo infinito de la creación consagrada en el arte y las eternas preguntas sobre la vida, la muerte y los elegidos. Y la ternura, esa ternura increíble que nos representa a María con su hijo fallecido en brazos.

  2. En ese mundo místico hay tanto que descubrir, que resulta poco lo que se ha escrito al respecto. Sin embargo la sola descripción de un observador agudo como tu, permitirá la creación de varios artículos donde los lectores caminaremos junto a ti por los diferentes escenarios.
    Felicidades, esperamos por el próximo.

    • Confío en que la lectura termine por animarlos a emprender alguna vez la aventura europea. Ya sabes que nunca deberían faltar París y Roma. Gracias.

    • Roma y París…un privilegio enorme. Algún día…seguramente. Espera la segunda parte de las iglesias romanas, cuando se tranquilicen otros temas menos agradables pero obligatorios. Gracias.

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