Actos de magia con guitarra y piano

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GUITAR

Paris.- Pequeños detalles, grandes emociones. Música. Lo insólito puede ocurrir en París.

Contar, relatar, ojalá con los aires del Gabo con su impronta fabulera, o de Neruda y Borges, con el encanto poético.

Sucedió en el metro parisino, una noche de huelgas, en la estación de la Place de la Concorde. El inesperado concierto de guitarra clásica hacía el milagro de atemperar los ánimos, con la llegada de un joven juglar que aderezó el ambiente con tintes melódicos.

Sombrero negro de paño, con el adorno de una rosa rosada, larga bufanda variopinta, abrigo oscuro y una barba rubia hirsuta adornando el rostro consagrado a las cuerdas del instrumento. En un cartel a su lado se lee: Jean-Marc, del país vasco-francés.

Tiene una lista impresionante de autores y “composiciones propias”, atesoradas de forma irregular en el estuche de su guitarra. También una docena de discos, todos de su factura, para la venta con el atractivo precio de seis euros.

Paco de Lucía, Pepe Romero, Joaquín Rodrigo, Leo Brower, Mateo Carcassi, Jean Maurice Mourat, Alberniz, Granados…nombres que acompañan sus trabajos, de cultor clásico y flamenco.

Parecerían desvaríos o espejismos. No es difícil, empero, la imaginación para colocar a Jean-Marc en la cima del escenario y a un público que no sabe cómo ha tenido la dicha de disfrutar de tamaño espectáculo sin mediar dinero.

Cincuenta y cinco minutos de espera del metro línea 12 en el tramo Port de la Chapelle-Mairie d´Issy. Los más agradables 55 minutos en días de huelga en París. Ovaciones apasionadas, gritos reiterados de ¡bravo, bravo!

Y el sombrero negro con la rosa rosada, quitado, reclinándose con el cuerpo del artista, para agradecer los aplausos.

Se acerca la hora de la despedida. Por fin una pizarra electrónica anuncia la llegada del tren en tres minutos. Jean-Marc interpreta entonces Concierto de Aranjuez, con toda la elegancia y pulcritud que le permite un público fascinado.

No termina, se toma la licencia de unos acordes improvisados, signo inequívoco de maestría. Los aplausos comienzan a estremecer la estación de la Concorde, el ruido del tren enturbia el ambiente. Acaba la función, Jean-Marc agradece a sus “seguidores”.

Quién es, cuál es su historia, son las interrogantes que restan en el aire con la marcha del metro.

LECCIONES DE MUSICA

Nunca más volví a encontrar a Jean-Marc. Confieso que lo busqué afanosamente en la Concorde y en todas las terminales posibles de la Ciudad Luz. No es ni mucho menos el único juglar de las calles en éste paraíso mundial de la cultura. Pero si el más enigmático y quizá virtuoso de todos.

Con los días, de alguna manera descubrí el nexo increíble del buen gusto y las maneras francesas de hacer llegar el mensaje de la música.

Un exquisito programa de televisión fundamenta, o más bien confirma la devoción artística de la antigua Galia.

“La lección de música de Jean-Francois Zigel”, con el acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de Radio France, o la ayuda de intérpretes de alto vuelo. Idea novedosa, didáctica para crear un campo magnético de atracción.

Zigel, destacado pianista y compositor francés, tiene la virtud de desgranar una por una las notas del pentagrama, detallar la singularidad de cada instrumento, para luego unir los sonidos y deslumbrar al auditorio y a los televidentes.

Esta vez, la construcción de la Sinfonía pastoral número 6 de Beethoven fue su pretexto, ante espectadores básicamente de cortas edades en el teatro y hacia un público general del otro lado de la pantalla.

Así, mostrando su dominio de cada timbre con la gracia del piano y cortinas de la Filarmónica, Zigel va poco a poco armando, con la fuerza de la propia obra de Beethoven, una sinfonía magistral.

La seducción es sobrecogedora. Luego de una radiografía de cada instrumento musical, contando sus propios orígenes, deja la escena lista para la gran interpretación de la orquesta, que alboroza en sus efluvios melódicos, ante la “visibilidad” de un fresco.

Dos pasajes parisinos, que en las callejuelas de Montmartre, en la plaza de Tertre, a 130 metros de altitud, pinceles en manos de plásticos casi desconocidos, darán vida a otros capítulos llenos de sensibilidad cultural.

O tal vez al pie de la Torre Eiffel, al borde del Sena, en el corazón del Barrio Latino, o el Jardín de las Tullerías.

Temperaturas heladas, huelgas, lluvia, carestía de la vida…

Más allá, la magia de París. Como dirían los franceses:

¡Chapeau!

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10 comentarios en “Actos de magia con guitarra y piano

    • gracias por tu comentario. me alegra mucho que te gustara. acabo de subir otro trabajo, camille claudel, de quien viste la escultura que aparece en l foto, L´Age Mur, (La edad madura) en el Museo de Orsay de Paris.

  1. Son esos detalles de París que la hacen una ciudad mágica. Se dan con naturalidad esas manifestaciones aunque es cierto que ha perdido un poco del encanto del pasado.

    • Bien vale una misa, sin dudas. Puede que haya perdido algunos encantos, pero conserva tantas cosas, que la hacen, para mi gusto, la ciudad más atractiva del mundo.

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