Silencios minimalistas: Father Mother Sister Brother

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Madrid.- Invita a la emoción, desliza el melodrama y coquetea con la pasión, pero se contiene en sus silencios minimalistas, porque al final la familia, la vida, tienen muchos códigos: Father Mother Sister Brother, poesía del cine.

   Puede que más allá del León de Oro en el Festival de Venecia, que no es poca cosa, se quede a las puertas de los Oscar. Y, sin embargo, la película de Jim Jarmusch nunca dejará indiferentes a los espectadores.

   La familia y sus intríngulis, apenas en atisbos de los que probablemente hayan sido conflictos profundos en origen, ofrece una radiografía de apariencia epidérmica, aunque hasta cierto punto inquietante.

   Todos, de alguna manera, insistiremos en juzgar o colocarnos en el lugar de los protagonistas durante la hora y 52 minutos del largometraje. Pero costará tanto llegar a conclusiones definitivas, que los mensajes minimalistas de Jarmusch, en medio de prolongados silencios, se quedarán con nosotros.

   Al final de cada plano, tropezaremos con una sensación de vacío triste o melancólico, y para petrificarnos en las butacas, la cinta se digiere en tres historias. La primera (Father) en New Jersey con un trío de actores de excelencia:  Tom Waits, el padre, Adam Driver y Mayim Bialik, los hijos.

   Camino a casa de su padre, a quien en realidad visitan por caprichos de la conciencia, Adam Driver y Mayim Bialik muestran sus cartas: dos hermanos distantes entre ellos que perdieron a su madre; el primero divorciado y con más cercanía por su progenitor, y la segunda exitosa madre de dos hijos y a tono con el clima gélido que los rodea.

   Una villa en medio de la nada, expresión que marcará el común denominador de los tres capítulos, lo mismo que un reloj Rolex con la duda de si es falso o no. También los brindis con agua por la memoria de la madre (¿se puede brindar con agua?) y con té por la familia (¿se puede brindar con té).

   Cuando entramos en el plano de la condescendía por ese hombre aislado (Waits), descubrimos su parapeto de mentiras, piadosas, muchas, manejándose en la soledad y con el deseo de que sus hijos sigan bien sus vidas.

DUBLIN

   A estas sutilezas, que recuerdan de algún modo al cineasta argentino Carlos Sorín con sus Historias mínimas y Bombón, el perro, Jarmusch cambia de registro trasladándose a Dublín, donde nos encontraremos con Mother, con Charlotte Rampling, Cate Blanchett y Vicky Krieps.

   La veterana actriz británica, en la cuerda de una exitosa escritora y dos hijas a las que invita a tomar té. Las conversaciones alrededor de la mesa en la que comparten golosinas, no pueden ser más insulsas, con un cierto aire de falsedades para maquillar el ambiente cuasi perfecto.

   El orden impoluto que propone Rampling se ahoga frente a una normalidad inexistente. Y aquí, el realizador, nuevamente, nos invita a reflexionar.

-PARIS

   Todavía sin recuperar el aliento, Jarmusch nos conduce al Tercer Acto del filme en París, pero no el París edulcorado. Sister-Brother (Indya Moore y Luka Sabbat), comienza con una escena en Pigalle, el barrio erótico de la Ciudad Luz.

   Esta vez, sí se transpira cariño y emoción en el reencuentro de los hermanos mellizos, que van tras los recuerdos de sus padres, fallecidos en un accidente aéreo en Azores. Transitan por un París sobrio. con la idea de visitar por última vez el apartamento de sus progenitores.

   Fotos, dibujos, souvenirs y viejas pertenencias familiares adornan el intercambio entre los mellizos, en el cual, para ser fiel al hilo conductor de la película, los silencios conviven con el minimalismo, alejándose con mucho respeto de las estridencias.

   También, París nos devuelve el pulso de la esperanza, aunque tal vez sea más bien un sentimiento asociado a los deseos.

   ¡Magistral!

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