Chemamull, mística de los Tótem mapuches

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A primera vista, Antonio Paillafil es un chileno común, con ciertos rasgos indígenas. Ya distinguirlo como escultor mapuche es una suerte de acertijo y luego, creador de enormes Chemamull (Tótem), un privilegio.

Orgulloso de su cultura y sus ancestros, cuando habla de los Chemamull su rostro cobra brillo y desliza conceptos sobre la filosofía de la vida en el más allá. De hecho, es enfático al subrayar: para los mapuches no existe la muerte.

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Los Chemamull son esculturas de madera de más de dos metros de altura que representan a una mujer y a un hombre que datan de los años 1250.

La fémina se talla casi siempre en laurel o ciprés de la Cordillera, madera más delicada, y la figura masculina de roble pellín, árboles oriundos de Chile y Argentina.
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En una ceremonia de entrega de una pareja de Tótem al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Paillafil corrigió al propio Canciller Heraldo Muñoz, quien se había referido a las estatuas como símbolos mortuorios.

-Antiguamente se hacían hasta las mascotas y se las ponían a un lado, porque nosotros no creemos en la muerte y dejamos algo en materia en esta vida para que se entrelace con los seres vivos, me explica el artista.

El tallado se hace de forma irregular; la palabra tótem significa algo robusto, grueso. Nosotros tenemos un patrimonio cultural inmenso que es desconocido por la sociedad chilena y en los mapuches también hay un vacío, precisa Paillafil.

-ARTISTA Y FILOSOFO-

Descendiente de padres machis (autoridades religiosas de los mapuches), salió a los 3 años de edad desde su natal Lago Budi en Puerto Saavedra, región de la Araucanía, para instalarse en Santiago de Chile ante la precaria situación económica de su familia.
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El maestro Paillafil comenzó en la escultura cuando tenía 10 años.

-Fue un interés que me nació de una fuerza interior; en la madera encuentro la energía de la vida y el conocimiento, uno aprende de la madera a través de ciertos nudos y vetas. Mi obra respeta la naturaleza, la elaboro con árboles que ya cumplieron su ciclo.

-La idea surgió de la necesidad de construir estas figuras para dejar un legado a mi familia y a las nuevas generaciones. Los humanos le tememos mucho a la muerte, pero los mapuches pensamos en el otro lado. Antes llamaban a estas creencias brujería, ahora es metafísica, dice sonriente.

Para completar sus ideas, reflexiona en torno al papel femenino en la sociedad. “La mujer es la matriz de toda vida, tiene un sentido más que el hombre porque es maternal, y es más diversa”.

Paillafil ha elaborado más de tres mil de piezas similares a las que le entregó a la Cancillería de Chile. También ha decorado restaurantes y su obra está en exhibición en varios museos y lugares de mundo, como Ecuador, Francia, Nueva York y Venecia, Barcelona y Canadá.

Ciertamente su sello distintivo se puede apreciar en numerosos sitios de Santiago de Chile, entre ellos el Cerro Santa Lucía o Welén.

Los Chemamull, según los estudiosos, ayudaban al alma del difunto a poder llegar a su destino final, para reunirse con los antepasados. Eran numerosas y abundaban en la Araucanía, a la llegada de los españoles.
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Sin embargo, los conquistadores comenzaron a quemar las esculturas al considerarlas símbolos de idolatría oscurantista. Corren numerosas historias que aseguran se vieron pasar más de una vez carretas llenas de tótems, los cuales eran vendidos y luego utilizados como leña en pueblos.

-Es por eso que busco recuperar la autoestima de nuestro pueblo. Nosotros, con autoridad, podemos decir quiénes somos, de dónde venimos y que tenemos este patrimonio. Yo soy solo un intermediario, comenta.

En el ritual efectuado en la Cancillería chilena, da rodeos a las esculturas que esculpió en 40 días, les escupe agua que toma de un recipiente y le pide al ministro que haga lo mismo.

-El mal del ser humano es la envidia y nosotros queremos sacarla. Envidiamos lo que tienen otros y eso es algo que el pueblo mapuche siempre quiere desterrar de su vida. Yo me tengo que llevar mi energía, la que puse a la hora de crear los Chemamull y, a la vez, dotar a mis Tótem de la protección que necesita su próximo dueño.

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