
Madrid.- To be, or not to be (…) los genios casi nunca transitaron por sendas expeditas. Entonces, cuando se llega al cine, al encuentro con Hamnet, el dolor, la tragedia y el amor, vislumbran belleza en la intensidad del arte.
“Después de leer Hamnet (y de ver la película), será imposible volver a leer o ver una obra de Shakespeare como lo habíamos hecho hasta ahora”, resumen los críticos acerca de la obra homónima de la norirlandesa Maggie O’Farrell, que convirtió en celuloide la realizadora china-estadounidense Chloe Zhao.
Esta definición traduce los sentimientos que evoca Hamnet, mucho más allá de la historia en sí misma de la pérdida de un hijo y la derivación de este drama en la dicotomía de Hamlet, una de las obras maestras de William Shakespeare.
También de los muchos sentidos asociados a una frase que hemos, probablemente, escuchado hasta la saciedad: To be, or not to be, that is the question (…), el soliloquio del Príncipe Hamlet.
De cierto modo, es el refugio del dramaturgo para arropar el dolor por el deceso de su hijo, deslizando un dilema existencial sobre la vida y la muerte.
Entre la felicidad y la tragedia, qué sería mejor, ¿soportar las adversidades de la vida o terminar con ellas a través del suicidio? De ahí, el To be, or not to be (…).
Y en medio de esta disquisición teórica, aparecen Chloe Zhao (Nomadland) y Maggie O´Farrell, para resumir 400 páginas de la novela a dos horas y cinco minutos de película, y conseguir ocho nominaciones a los Premios Oscar.
Por añadidura, si cabe la expresión, una increíble actuación de Jessie Buckley, que te arrancará lágrimas, te dejará sin aliento en la butaca del cine y al final, tendrás el deseo de levantarte a aplaudir fervorosamente, como si estuviese presente.
-AMOR AL ARTE
Jessie Bukcley (La hija perdida), laureada por los Critics Choice y el Globo de Oro, probablemente obtendrá asimismo el Oscar. Luego, reconoces a Steven Spielberg y Sam Mendes entre los productores de Hamnet.
Tampoco Chloe Zhao (Zhao Ying, nacida en Beijing hace 43 años) es una advenediza. Dos Oscar a Mejor Película y Mejor Dirección por Nomadland y otros numerosos galardones de la Mostra de Venezia, Cannes, BAFTA y Globos de Oro, la confirman como figura ascendente en Hollywood.

La directora contaba su percepción antes del rodaje:
-Paul Mescal (Shakespeare en el filme) leyó el libro, se obsesionó con él y quiso interpretar a Will. Me dijo: “Tienes que leerlo. No es lo que piensas”. Me quedé alucinada. No solo sentí que era un contenedor para relatar una gran historia, sino también para explorar mis propias ideas internas que no había permitido que afloraran, como muchas mujeres. Una vez que Jessie (Agnes) dijo que sí, supe que podía conseguir que Maggie aceptara.
Luego, Maggie O´Farrell hizo apuntes de los intercambios desde Edimburgo, donde reside, con Zhao (Los Angeles), para conformar el guion.
–Ningún artista, ningún escritor, pondría casualmente el nombre de su hijo muerto a una obra. Tenía que significar algo. Pero mientras leía sobre Shakespeare, me distraje mucho por lo mal que la historia, la erudición y la crítica literaria trataban a su esposa (…) Me alegra cada vez que veo la mano de Jessie y sus uñas negras. También sabía que Chloé no estaba especialmente imbuida de Shakespeare, lo cual era importante porque no quería que un director lo pusiera en el centro de la escena. Quería que se tratara de los niños y la familia (…).
Agnes, joven sometida a la tiranía de su madrastra tras perder a su madre siendo niña, es un ser raro para el pueblo de Stratford, por su especial relación con la naturaleza. Da de comer a su halcón y elabora remedios a bases de plantas.
En la curiosa rutina de Agnes, una bella mujer poco cuidada, aparece un joven que visita su casa para enseñar latín a sus hermanastros, a cambio de pagar una deuda contraída por el padre de Will.
Me dirás tu nombre cuando nos besemos, le advierte un apasionado Will. Llegará el casamiento no muy del gusto familiar en ambos casos, tres hijos (Susanna y los gemelos Judith y Hamnet).
El alejamiento de Will, sugerido por Agnes, hacia Londres donde podrá dar espacio a sus inquietudes intelectuales, y el amor en pausas resignadas a sus improntas.
Los colores reflejan el simbolismo acentuado por Chloe Zhao. Azul para acompañar a Will en el intelecto y el cielo, y el rojo de Agnes, descubriendo el corazón y la naturaleza (o la Tierra).

El final es un exquisito regalo de cine y literatura en el infinito de la creatividad. Y del mensaje subliminal, un sentido homenaje a todas las mujeres que hicieron posible a los grandes genios de la historia de la humanidad.