Soñar, París

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París.- Había decenas, quizás cientos de palomas, más cerca que de costumbre de las orillas del Sena, atraídas por los turistas repartidores de migajas. También llegaron gaviotas y golondrinas, mientras los acordeonistas seguían afanados en la idea de rescatar el París de la primera mitad del siglo XX.

El agotamiento de una de mis largas caminatas parisinas me hizo, curiosamente, tomar la pausa en el umbral de la Catedral de Notre de Dame. La vista terminaba de recrearse en el caudaloso río cuando de pronto, melodías diametralmente opuestas se cruzaban en el aire.
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Bostezos en la noche: Deauville

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Deauville, Francia.- Mi habitación costaba 500 euros la noche, con vista al mar y a unos metros de la suite de Susan Sarandon, quien lamentablemente no andaba por el Hotel Royal Barriére de Deauville en esos días. Fue un disfrute espléndido gracias a nuestros anfitriones.

Me gustó el fino detalle del hotel. Además de la consabida tarjeta de bienvenida en la habitación de huésped ilustre, categoría que nos dieron a los visitantes de la Asociación de Prensa Extranjera (A.P.E.) en Francia, había una delgada cajita rectangular de color rojo escarlata.
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Miradas: Saint Malo y Cancale

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Pocos sitios en el mundo como Saint Malo, Bretaña, en el norte de Francia, ofrecen la curiosidad de un hermoso balneario, la ciudad amurallada y el culto a los corsarios, con una estatua incluida al «ilustre» comerciante marino Robert Surcouf (1773-1827).

Los filibusteros son en cierto modo, héroes de Saint Malo y para confirmarlo, ante una espléndida panorámica del Atlántico, la taberna Hiss et Oh y un colorido anuncio en la fachada que muestra a un hombre, seguramente corsario, bebiendo. Embarcados en viajes a las Antillas con escala en la Isla de la Reunión, le tomaron el gusto al ron y brebajes aledaños, por decirlo de alguna manera.
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