Dicen que París ya no es lo mismo que en la primera mitad del siglo XX. Woody Allen lo confirma en su más reciente película sin tonos lapidarios, pero es capaz de permitirnos reflexionar sobre los tiempos, las épocas, de modo sosegado.
Cuando uno ha sido seducido por el magnetismo de ese París lleno de encantos, es poco probable que se entiendan los parangones de 1920, 30 o 40, con el Nuevo Milenio.
Porque no hay nada más agradable que asistir a la Féte de la Musique y en la Place de Vosges dejarse sorprender por coros espontáneos que entonan a Las señoritas de Rochefort y de pronto nos traen a Michel Legrand, Jacques Demy y Catherine Deneuve.

Allí, en el umbral de la Casa de Víctor Hugo, cerca de donde también vivió el controvertido Cardenal Richelieu, los portales de triples arcadas y los jardines de la inmensa plaza salpican de música de todos los géneros.
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