Dolce Vita y Fellini en París

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DOLCE VITA
Obsesiones, sueños y fantasías al mejor estilo fabulador, como si la Apocalipsis tocara las puertas del mundo o la imaginación de un cineasta lo convirtiese en un lugar eterno e inconmensurable: sencillamente Fellini.

De la mano, no podía faltar Anita Ekberg, desafiando con sensualidad y belleza a la Fontana de Trevi en Roma y el rostro perplejo de Marcelo Mastroianni. Una escena irrepetible en el séptimo arte, como muchas otras del maestro italiano Federico Fellini.
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Desenfado francés con temas sexuales

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Crazy horse
Un rapero estadounidense retaba a los presentadores del espacio televisivo Le Grand Journal, al pedirles dar un beso a una linda francesa en Los Campos Elíseos de París. El cantante no salía de su asombro cuando aparecieron en el escenario ocho esculturales modelos del Cabaret Lido, todas “topless”.

Sin pretender un tratado sociológico y menos aún la asfixia de los siempre veleidosos encasillamientos, lo cierto es que los franceses disfrutan de una suerte de desenfado casi absoluto con temas sexuales.
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Raviolis en Roma y en Vientiane

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Raviolis
Extasiado en recuerdos, ausente en la mirada, disfrutaba tiempo atrás de las delicias de unos raviolis con crema de espinaca y salsa de nueces en un restaurante cercano al Coliseo Romano. Entonces recordé a Marco Polo, a China … y a Popeye, y sentí el privilegio de comer pastas en una zona tan emblemática de la Ciudad Eterna.

Si dijera a amigos y seres más entrañables que en Roma degusté los mejores raviolis de mi vida, estaría mintiendo, a pesar de que, sin dudas, el efecto de la frase es perfecto.

Ni siquiera pudiera afirmar que la más exquisita cena italiana ocurrió en la capital de “La Bota”, como denominan al país por su forma geográfica. Tampoco aquellos excelentes “Gnoccis cuatro quesos” en otra taberna diagonal al Foro Romano a los que me invitó el amigo Giuliano.

Fue en Vientiane, capital de Laos, allá en el lejano Sudeste Asiático, donde en verdad tuve el placer de adentrarme en la “Trattoria” italiana gracias a las virtudes culinarias de un restaurante llamado “Caruso”.
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