
Su ausencia sería impensable. La figura de Gabrielle es parte indisoluble en la historia de los Renoir. Modelo favorita después de ser niñera en la familia de Pierre Auguste Renoir, uno de los maestros franceses del impresionismo que vuelve a impactar a París, pero de un modo inusual.
Así, pisando a hurtadillas, se llega a la flamante exposición de las galerías del Grand Palais de la Ciudad Luz, para aproximarse a “Renoir en el siglo XX”, una propuesta en la que resaltan los desnudos de la colección de “Baigneuse”.
Entre cofres de excelencia, descubrir también a Gabrielle Renard permite volver sobre los héroes anónimos. Prima de Aline, la esposa de Auguste Renoir, devota intitutriz de sus tres hijos, pero sobre todo de Jean, y luego modelo espontánea de cada fragmento familiar.
De Gabrielle Renard apenas se habla. No pretendo tampoco robarle ahora el protagonismo al maestro. Sólo mencionar un detalle. Fue ella quien fascinada por la invención del cinematógrafo, llevó a una sala de cine por primera vez al niño Jean Renoir, convertido años más tarde en uno de los imprescindibles en la historia del séptimo arte de Francia.
El viaje en el Grand Palais es fascinante. Se da una aproximación poco común con el entorno familiar del fabuloso clan Renoir. Los puristas aseguran que hay algunos retratos significativos, pero ninguno se inscribe entre las obras más renombradas del extraordinario pintor, que en un momento dado de su carrera decidió abandonar los códigos del impresionismo para experimentar en otras líneas.
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